"Pero Sánchez vomita conejos según las necesidades a las que le obligan sus decisiones, tomadas 'erguido frente a todo'"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 28/01/2024 a las 05:00

Tiene uno la convicción de que Sánchez canta “Resistiré” y luego vomita conejos blancos, como ocurría en aquel cuento de Cortázar. Pero Sánchez vomita conejos según las necesidades a las que le obligan sus decisiones, tomadas “erguido frente a todo.” Y así, como en una carrera de relevos, va dando salida a los responsables de sus veintidós ministerios -dos equipos de fútbol- por ver si de ese modo nos vamos olvidando de que alguna vez, pongamos hace dos, tres semanas, Félix Bolaños afirmaba con pálido gesto dramático que existían delgadas líneas rojas, más allá de las cuales la ley de amnistía no podía estirarse, aunque ya se haya estirado. También alberga uno la convicción de que estas astucias ya las habíamos visto en la pasada legislatura. Esta semana le ha tocado el turno a Ernest Urtasun, atildado conejo blanco del Ministerio de Cultura, que al parecer se ha propuesto batir algún récord porque le ha tocado atraer sobre sí el fuego concentrado de los expertos en museos. Anunció una propuesta tan esotérica que ni los propios especialistas conseguían explicarla en sus réplicas. Poco antes, o quizá después, Sánchez, preso de arcadas, vomita otro conejo blanco, este de calado, en las costas gallegas, y para allá se fue Yolanda, “si me faltaras no voy a morirme”, que cantara Pablo Milanés, para hacerse una foto muy cuqui en la que ella sola limpia toda la costa gallega de bolitas plastificadas. El penúltimo conejo es el viejo Tezanos, ya vacunado contra cualquier variante de la mixomatosis, quien anuncia el fin de la mayoría absoluta del PP en Galicia. Un paranoico diría que hasta Emiliano García-Page le ha hecho de conejo parlanchín para atraer sobre sí la inane perdigonada opinativa. Sea como fuere, hay que reconocer que Sánchez echa a correr a sus falsos lebreles con tal celeridad que si yo fuera Feijóo estaría tirado sobre la moqueta de mi despacho preso de un ataque de ansiedad. Que alguien le dé un Rivotril.

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