Opinión
Gregorio Luri: "Las familias españolas son más clarividentes que el gobierno y ya están dedicando cada vez más recursos a completar la instrucción de sus hijos"


Publicado el 28/01/2024 a las 05:00
Cuando Gabriel Attal anunció, siendo aún ministro de educación de Francia, un “electrochoque” educativo, un “cambio radical” de trayectoria que implicaba, entre otras medidas, la recuperación de los grupos de nivel en las escuelas, los acólitos de la LOMLOE comentaron, entre sonrisas de superioridad, que, ya se sabe, los conservadores son segregadores, mientras ellos estaban por la inclusión y la equidad. Pero cuando se despertaron, los resultados de PISA seguían allí. Están tan acostumbrados a evaluarse pedagógicamente por la altura de sus intenciones que los hechos les saben a poco. Pero los hechos, tercos e impertinentes, seguían allí. Y allí estaban también los que, atendiendo a los hechos, decidieron cambiar: Escocia, Francia… y, ¡pásmense ustedes!, hasta la misma Finlandia.
Los laboristas escoceses impulsaron en el 2010 el “Curriculum for Excellence” (algo así como la LOMLOE pero con un toque de Dewar’s 12 años), que mereció los parabienes de la OCDE porque estaba en línea su convicción de que “el conocimiento basado en disciplinas se está volviendo obsoleto en un mundo de Google y la inteligencia artificial, y que sería mejor si nos centráramos en habilidades que los niños algún día puedan aplicar a trabajos que ni siquiera existen todavía”. Estas ocurrencias, tan vacuas, pomposas, y carentes de la más mínima evidencia, han sido fervientemente promovidas por la OCDE en Europa (en Asia, sin embargo, seguían apostando por los hechos). Hoy los laboristas escoceses han reconocido que, si su propósito era proporcionar a los jóvenes una educación coherente, flexible y holística que los preparase para los retos del siglo XXI, han fracasado porque han descendido los resultados escolares de todos. Uno de los arquitectos de la reforma ha admitido lo obvio: “Sin conocimiento no puede haber habilidades”.
En enero del 2023 el Ministerio finlandés de Educación admitió en un informe oficial que un joven fines de 15 años tiene hoy el nivel de uno de 13 años nacido en los 70 del siglo pasado. Los datos de PISA-2022 confirmaron su análisis. En el 2009, el 22% de alumnos fineses se encontraba en los dos niveles superiores de resultados y un 8% en los dos inferiores. Hoy hallamos un 9% en los superiores y un 29% en los inferiores. La ministra de Educación, tras declarar que “los resultados deben tomarse en serio”, anunció que los alumnos tendrán dos horas semanales más de Lengua y una hora más de Matemáticas y se invertirá para ello 200 millones de euros. Recordemos que Finlandia no llega a los 6 millones de habitantes.
El factótum de PISA, Andreas Schleicher, que durante años nos hizo creer que la respuesta a cualquiera de nuestros problemas educativos era “Finlandia”, declaró al Financial Times el pasado 5 de diciembre: “observo una tendencia en los países ricos hacia la mercantilización de la educación. Los estudiantes se convirtieron en consumidores y los profesores en proveedores de servicios. La lección para mí es que tenemos que lograr el bienestar de los estudiantes no a expensas del éxito académico, sino a través del éxito académico”. Y, finalmente, dejó escapar esta asombrosa confesión: “Cuando apareció Pisa por primera vez, pensamos que Finlandia era la receta del éxito, pero 20 años después no sabemos si ha sido parte de la solución o parte del problema”. O sea que Finlandia, el modelo del éxito equitativo, era una burbuja pedagógica inflada por la OCDE para poner en valor sus prejuicios ideológicos.
En España, el Secretario de Estado de educación, tras conocer los resultados de PISA, confesó que estaba orgulloso de nuestro sistema educativo, que definió́ como “fuerte y resiliente”. Pero como los datos seguían ahí, Pedro Sánchez anunció el 21 de enero, durante la Convención política del PSOE celebrada en La Coruña, la puesta en marcha de “un importante plan de refuerzo” en matemáticas y comprensión lectora, evaluado en 500 millones de euros, que incluye la separación de alumnos por niveles, porque “es relevante que seamos conscientes que, pese al esfuerzo de nuestro alumnado, también de los maestros y de las familias, hay asignaturas que son duras de roer para nuestros jóvenes”.
Todo parece indicar que la LOMLOE, que nació con poca salud, está siendo discretamente impugnada por los mismos que la aprobaron. Nada parece más contrario a su espíritu que los desdobles de aulas. Hasta hace poco defender la vuelta a lo básico era cosa de derechas.
En resumen, el hecho es que el conocimiento poderoso sí importa.
¿Está el gobierno español dispuesto a enfrentarse a los hechos? Si es así, tendrá que presupuestar mucho más que 500 millones y, sobre todo, deberá convencer a los matemáticos que ser profesor de la ESO es más gratificante que trabajar en la empresa privada. Recordemos que las familias españolas, más clarividentes que el gobierno, ya están dedicando cada vez más recursos a completar la instrucción de sus hijos.
Gregorio Luri Medrano. Filósofo y pedagogo