"Leer es hoy una rareza. Leer en profundidad, una extravagancia. Y saber leer entre líneas, una habilidad asombrosa, un superpoder como de mentalista"

Actualizado el 28/01/2024 a las 10:34
No ha sido el informe PISA de diciembre el primero en alertar sobre las carencias de nuestros escolares en comprensión lectora. Las carencias ya se venían observando desde antes de la pandemia, ese pretexto universal de los males del aula, y van en aumento al mismo ritmo que en el resto de la sociedad. Porque la pérdida de capacidades para entender textos escritos es un fenómeno tan extendido entre pequeños y mayores que se podría considerar una de esas mutaciones sufridas por la especie humana en la era de la tecnología y del entretenimiento instantáneo. Leer es hoy una rareza. Leer en profundidad, una extravagancia. Y saber leer entre líneas, una habilidad asombrosa, un superpoder como de mentalista. Cuando todo conspira para mantenernos en un perpetuo estado de distracción nerviosa, resulta quimérico pedir concentración a los estudiantes delante de un libro, un periódico o un manual de instrucciones. Pero la comprensión lectora exige un tiempo y una atención que los nuevos usos comunicativos no acostumbran a facilitar en el ruidoso trasiego continuo de mensajes. Todo lo que dure más allá del titular de prensa o del tuit balbuciente constituye una esforzada travesía del desierto. Y nada digamos si el mensaje viene escrito en un registro medianamente elaborado; entonces para la inmensa mayoría entra en la categoría de los ochomiles. No pasa solo con la lectura. La falta de atención y de concentración afecta a todas las señales del entorno. Vamos por la realidad como si fuera un vídeo en 'timelapse', sin fijarnos en nada, quedándonos solo con los signos superficiales de la vorágine, incapaces de retener ni siquiera aquello que nos interesa. Es cierto que el mundo se ha convertido en una cosa indescifrable llena de enigmas e incertidumbres, más una invitación permanente al desistimiento que un estímulo para la curiosidad. Fíjense en la calidad de la conversación pública. ¿Cómo pedir comprensión lectora en tiempos de hermetismo, de ambigüedad, de deliberada producción de humo y niebla destinada a adormecer a los ciudadanos, crearles confusión y sembrar entre ellos la discordia? Porque en cuanto a la otra comprensión, la humana, más vale que por el momento no hay un informe PISA que venga a medirla.