¿Qué le pido al Año Nuevo?

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Emilio Garrido

Publicado el 14/01/2024 a las 05:00

En vistas a cómo hemos procesado las manifestaciones del Documento Pisa, y estamos leyendo un análisis de las posibles causas y circunstancias que han motivado ese “bajón educativo y cultural”, cuyos técnicos y profesionales de la educación esgrimen razones y más razones de su bajada cualitativa y cuantitativa, me he permitido meterme en dicha selva, porque la Educación y la Salud son dos grandes ejes en los que se asientan las civilizaciones más avanzadas. Además, mejora la educación, mejora la salud; es una ecuación tan vieja como nueva, pero nadie lo discute, de ahí su enorme y extraordinaria importancia en nuestra evolución.

Por eso y humildemente, observando la evolución de mis nueve nietos, en todos los niveles académicos de la escala educativa y observando su entorno de amigos-familiares, me atrevo a plantear para este nuevo año recién estrenado: Retomar con decisión y sin complejos, que consideramos fundamental y básica en educación y en cualquier nivel educativo, que las familias con hijos en edad escolar especialmente; vuelvan a restaurar una autoridad familiar aunque no esté de moda, porque sin autoridad y disciplina en la familia, no hay maduración cerebral básica; nuestro cerebro, el de nuestros hijos “tan plástico” como es, necesita rutinas, pautas, órdenes, y obediencia.. Sin lo cual no hay una maduración básica cerebral para que puedan codificar toda la información nuestra y de la Escuela. Por supuesto, siempre con arreglo a su edad madurativa y su perfil psicológico. “Mano de acero con guante de terciopelo” y, como decía el maestro chino: “educar con un poco de hambre y con un poco de frío” (Confucio, 400 a. C.) Que no significa otra cosa que regulemos la autoridad y la disciplina, sin renunciar a ella por el bien de nuestros hijos. No podemos, ni debemos ofrecerles un mundo acolchado, edulcorado, desintegrado de la realidad en la que van a vivir, nos guste o no… Sin renunciar -porque es nuestro deber de padres-, a dirigir, educar, corregir y premiar cuando necesite nuestro hijo un estímulo que refuerce su comportamiento positivo.

Protegerles tanto y a todas horas, sin ningún criterio, es una forma velada de maltrato afectivo-emocional, y que sin querer hacemos para “evitarles cualquier mínimo daño”, privándoles de experimentar la frustración y la tristeza propias de la vida doméstica, con la que aprenden para vivir la vida de otra manera; y, les incapacitamos para que estimulen y aprendan habilidades sociales de supervivencia. Hay que dejarles que se aburran, se equivoquen, experimenten por sí solos; porque es una forma de madurar y ser un niño lo más autónomo posible y de adulto será una persona independiente... ¡Pero nos da miedo, y ese miedo que nos hace prevenir todo, en todo lugar y de manera exagerada -una forma neurótica de vivir la vida atormentada, demasiado perfeccionista…-, es otro maltrato emocional a nuestra prole, que debemos evitar!

Tu hijo, nuestro hijo, nuestros nietos, nuestros alumnos, nuestros pacientes, mejorarán mucho más y madurarán de mejor manera, cuanto tengan reglas fijas, autoridad que les dé seguridad, disciplina que les haga fuertes y “esas pequeñas personas” crecerán con un avatar diferente: Corteza prefrontal que se emociona y emoción que piensa y razona. Es la única manera de que nuestros hijos maduren, sean más independientes y no echemos balones fuera, culpando al colegio de aquellos que nosotros como familia no hacemos por una sobreprotección y miedo a no poner normas y reglas en cada momento de nuestra vida doméstica-familiar, porque ahora no está de moda.

Este eje de formación familiar y maduración emocional con autoridad, será una de las variables que nos haga mejorar en cualquier evaluación que nos haga, sea “Pisa o Salamanca”.

Emilio Garrido-Landívar. Dr. especialista en Psicología de la Salud

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