Un Gobierno en el alambre

El presidente Sánchez ha superado el primer envite de la legislatura, pero arranca debilitado al visualizarse su dependencia del fugado Puigdemont y de un Podemos despechado

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Editorial DN

Publicado el 14/01/2024 a las 05:00

Con la mezcla de arrojo y extrema volatilidad de criterios que lo caracterizan, Pedro Sánchez ha salvado de forma agónica la convalidación de dos de los tres decretos leyes que ha sometido al Congreso. Ese éxito parcial, alcanzado in extremis a costa de una abultada factura, despeja momentáneamente el horizonte al Gobierno. Un varapalo de mayor calibre como el que estuvo a punto de recibir le habría supuesto arrancar con media estocada una legislatura plagada de obstáculos. 

El alivio en La Moncloa es comprensible. Pero durará lo que tarde en llegar la próxima votación decisiva una vez confirmada la peor de las hipótesis para sus intereses: que Junts está dispuesto a torpedear cualquier proyecto si no son atendidas exigencias que tensan al máximo las costuras de la legalidad, y un despechado Podemos obligado a hacerse valer en su pugna fratricida con Sumar. Es decir: el Ejecutivo está sustentado en una frágil mayoría y a expensas de socios que no son de fiar. 

El gabinete difícilmente podrá resistir los tres años y medio que le restan de mandato dando su brazo permanentemente a torcer en los órdagos que le lancen los aliados de los que depende con cesiones del calado de las brindadas el miércoles. Entre otros motivos, porque algunas de las reivindicaciones en juego son de imposible encaje constitucional. 

El presidente ha superado un delicado trance, pero con el desgaste político que implica la visualización de que su futuro está en manos de Puigdemont. Un prófugo de la Justicia cuyo concurso es determinante en la gobernabilidad de España, que alardea de su influencia y exige por su apoyo un precio final muy superior al que puede satisfacer incluso la generosidad de Sánchez. Hasta ahora ha rentabilizado sus votos mucho más que los otros compañeros de viaje del PSOE, lo que puede inducir a éstos a encarecer su respaldo y complicar la endiablada aritmética parlamentaria. Con Junts envalentonado y un muro ante la oposición que impide cualquier acuerdo, la legislatura está en el alambre. “Bien está lo que bien acaba”, defiende Sánchez. Pero no es seguro que esta experiencia acabe bien.

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