Guerra a perpetuidad
La muerte de miles de inocentes en Gaza tiende a soslayar la responsabilidad de quienes los someten al dictado del terror contra Israel

Publicado el 27/12/2023 a las 05:00
La Navidad cristiana no ha contribuido a un alto el fuego sobre Gaza. En los últimos días han arreciado los ataques israelíes y se han incrementado los esfuerzos de Hamás y otros grupos por demostrar que siguen operativos. A dos semanas de cumplirse tres meses de la incursión terrorista, sigue siendo aún más inexplicable que el Estado hebreo dejara crecer una amenaza que hoy, después de 21.000 palestinos muertos por la respuesta de Tel Aviv, no tiene visos de acabarse próximamente. El 7 de octubre coincidió con un Gobierno en Israel cuestionado abiertamente incluso por los reservistas de su ejército, a causa de actuaciones y propósitos contrarios a principios democráticos. Pero sería tan simplista suponer que los errores de cálculo que posibilitaron el ataque de Hamás se debieron a la desidia o la soberbia de Benyamin Netanyahu como concluir que su implacable contraofensiva sólo responde a las pulsiones extremistas que rodean al primer ministro o a su afán de sortear la contestación interna o sus procesos judiciales pendientes. El 7 de octubre fue su 11-S para la inmensa mayoría de los israelíes. Los bombardeos sobre Gaza empezaron siendo parte del derecho a la defensa para el conjunto de la comunidad internacional. Pero dos meses y medio después sólo cuentan con la abstención de EEUU en el Consejo de Seguridad de la ONU. La guerra total no ha doblegado a los sectores palestinos que venían negando la existencia misma del Estado de Israel, ni forzado al ‘eje de la resistencia’ de inspiración iraní a rectificar en sus intenciones o modularlas. Al contrario. Aunque la espiral desatada no alcance a convertirse en una confrontación bélica regional de efectos globales, tiene todas las trazas de dirigirse hacia un punto sin retorno en cuanto al conflicto israelo-palestino. La muerte de miles de personas inocentes en Gaza tiende a soslayar la grave responsabilidad en la que incurren quienes las someten al dictado del terror contra Israel. El objetivo inalcanzable de acabar con Hamás podría hacer creer a Israel que no dispone de otra salida que la perpetuación de la guerra.