"Cumbre del clima en Dubai, ¿éxito o fracaso?"

Publicado el 20/12/2023 a las 05:00
El pasado miércoles, 13 de diciembre, tras un día de prórroga y maratonianas sesiones, como viene siendo habitual, de los representantes de las cerca de 200 naciones participantes, finalizó en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático, conocida como Cop28, en la que deberían haberse aprobado medidas efectivas para dar pasos decididos en la lucha contra el calentamiento global, en las líneas marcadas por el Acuerdo de París adoptado en 2015. En este acuerdo, todos los países se comprometieron a trabajar juntos para reducir emisiones “lo antes posible”, con el objetivo de limitar el calentamiento global a menos de 2ºC, preferiblemente de 1,5ºC, por encima de los niveles preindustriales. Desde entonces, a pesar de las intenciones manifestadas por los países, las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) y el consiguiente incremento de la temperatura global no solo no han disminuido sino que han ido creciendo, como manifiestan cada vez con mayor énfasis los sucesivos informes publicados por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, (IPCC) de la ONU y otros organismos oficiales. El año 2023 ya ha sido declarado el más cálido desde que se tienen registros, habiéndose alcanzado incrementos superiores a 2ºC en algunas fechas de noviembre.
A la vista de los principales puntos del acuerdo, ¿puede considerarse que ha sido un éxito o un fracaso? Como siempre, la respuesta depende del punto de vista y los intereses de cada parte.
Para el presidente de la Cumbre, el sultán Al Jaber, fue sin duda un triunfo. Calificó el acuerdo de “histórico”, proponiendo que se conozca como el acuerdo de los Emiratos Árabes Unidos, a la manera del de París. Otros, sin embargo, empezaron por cuestionar la elección de la sede de la cumbre, en un país cuya economía se basa en los combustibles fósiles, y la figura de su presidente, máximo responsable de la empresa petrolífera del mismo.
Para contestar aquella pregunta conviene analizar los principales contenidos del acuerdo y las diversas reacciones que se han producido.
El texto plantea como objetivo, en línea con París, limitar el calentamiento global al 1,5ºC, para lo que se requieren reducciones profundas, rápidas y sostenidas en las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI), de un 43% en 2030 y de un 60% en 2035, para alcanzar cero emisiones netas en 2050. El problema es que no incluye medidas de obligado cumplimiento para lograr estos objetivos, sino que se limita a hacer una “llamada” a los países para que lo hagan, con medidas como triplicar la capacidad global en energías renovables y duplicar el ritmo anual de mejora de la eficiencia energética. Esto es positivo, pero debido a objeciones de algunos países como China e India, no establece un calendario obligatorio para ir cumpliendo los objetivos. Esto significa que los países podrán elegir sus compromisos como más les convenga.
Reconoce la necesidad de llevar a cabo una transición hacia la desaparición de los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, acelerando las actuaciones en esta década crítica, para alcanzar las emisiones cero en 2050, de acuerdo con lo que reclaman los científicos. En algún borrador previo al definitivo se plantearon expresiones más radicales que la transición, pero tuvieron una frontal oposición por parte de los países productores de combustibles fósiles. En la realidad, el uso de estos combustibles lejos de disminuir está creciendo, con explotación de nuevos yacimientos.
Uno de los primeros consensos a los que se llegó fue confirmar la necesidad de un fondo para compensar las pérdidas y daños debidos al calentamiento global, sufridos en mayor medida por los países menos desarrollados y que a su vez menos han contribuido a la concentración de GEI en la atmósfera. Se reconoce que harán falta miles de millones de dólares para la compensación y adaptación al cambio climático. Sin embargo, el texto no concreta un programa de aportaciones de los países ricos a dicho fondo, por lo que queda a su criterio y conveniencia. Por ello y por considerar el acuerdo poco exigente, los países más amenazados por el cambio climático entienden que el acuerdo no es lo suficientemente bueno, como manifestó el representante de Samoa en nombre de la Alianza de los 39 Estados constituidos por pequeñas islas.
También se alcanzó pronto la decisión de que la próxima Cumbre del Clima se celebrará en noviembre del próximo año en Azerbaiyán, otro país fuertemente dependiente de los combustibles fósiles.
Por todo lo anterior, sin querer ser exhaustivo, si se me pide una respuesta concreta a la pregunta del título de este artículo, tendría que recurrir a la sabiduría contenida en los conocidos siguientes versos del poeta Ramón de Campoamor: “Y es que en el mundo traidor/ nada es verdad ni mentira/ todo es según el color/ del cristal con que se mira”.
Jesús Mª Arlabán Mateos. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Economista.