"Dragó, que había planificado su funeral, tuvo muchas dudas sobre el epitafio para su tumba, que es a fin de cuentas lo último que escribe un escritor"

Publicado el 03/12/2023 a las 12:27
Fui a un homenaje a Sanchez Dragó, que sigue acumulando entradas en su twitter a pesar de estar muerto, y su hija Ayanta contó que seguían descubriendo cosas en su casa de Castilfrío, en Soria, donde tenía una biblioteca inabordable de unos 130.000 volúmenes, una especie de enfermedad. Dragó, que había planificado su funeral, tuvo muchas dudas sobre el epitafio para su tumba, que es a fin de cuentas lo último que escribe un escritor y que ahora reza sencillamente: escritor y viajero y tiene una imagen de un gato durmiendo sobre un libro abierto. A su muerte deja decenas de libros y escritos, junto a unas 7.000 columnas -soy como Simeón el estilita, decía, siempre atado a una columna- y un material impagable que son sus entrevistas en televisión, desde aquel Encuentros con las letras de los años setenta, hasta hace nada. Sorprenden, hoy que reina la superficialidad y la prisa, esas entrevistas con escritores largas y documentadas, donde daba tiempo a explayarse y profundizar. Hizo él solo por la cultura más que cualquier ministro del ramo, aunque en realidad su principal logro fue su vida, lo que es la auténtica aspiración de un artista: llevar una vida novelesca, apurarla hasta el final. La peripecia de Dragó es la de un hombre libre y sin miedo, que nunca estuvo quieto. Su pasión, desde luego, era el yo. Nunca retrocedió ante el deseo de escribir y hacer lo que quería y fue, a la vez, un eterno adolesecente y un tipo familiar, tan familiar que no se privó de tener sucesivas mujeres e hijos, algunos de los cuales andaban por allí. Le gustaba la provocación, y si había un charco en el que mojarse, ahí estaba. Inmune a las envidias y los ataques, demostró que el único juez que nos debe importar es nuestra conciencia. Uno de sus temas principales, aunque él lo negaba, era España, no en vano su primer éxito fue el Gargoris y Habidis, que es la historia mágica de sus antiguas huellas y de sus mitos. Su generación es la de Escohotado, Aute, Racionero y tantos otros, que supieron gozar de la vida y son difíciles de olvidar.