"Paren el tren que me bajo"

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Emilio Garrido

Publicado el 20/11/2023 a las 05:00

Suelo compartir el vermú en una comunidad de tres mil habitantes, mal contados, y nuestra relación es de lo más diferente con unos y con otros. Las relaciones sociales se acrecientan, y tomamos el vermú con deliciosa parsimonia, donde saludas a viejos conocidos, amigos, das el pésame, la enhorabuena de su nieta, mientras el vermut rojo va suavizando las escenas sociales con los boquerones y atún o las croquetas redondas de queso y rabas… Muchas personas comentamos el devenir de nuestro pueblo, de España, del cambio de signo en el nuevo ayuntamiento, de la feria tan repleta de actos y gente de toda Navarra y de nuestros límites geográficos. Da tiempo para todo. Es un rato de los mejores sociales de nuestro pueblo pequeño y grande de Marcilla. Notas, percibes, sientes que la oxitocina -no por el vermú-, te da un cierto nivel de placer, de sentirte bien…y, en medio de todo esto fantástico, te dicen algunos: “¡Este mundo que estamos viviendo no es mi mundo, que paren este tren que me bajo!”. Y lo dicen personas con mucha experiencia y que no viven mal. Pero su razonamiento posterior a la sentencia me deja pensativo, y desde la mesa de la terraza a mi casa, que son cien metros, le doy vueltas a esta “sentencia tan concreta e inteligente y bien razonada”, que indica a ciencia cierta que la gente vive cabreada.

Se me ocurre pensar, abriendo la puerta de mi casa, que llevamos viviendo un tiempo largo en una inseguridad permanente, en una constante incertidumbre, que nada es válido ni creíble, creándonos angustia y ansiedad cuyo “subsuelo emocional” nos hace más vulnerables, más regresivos, más pesimistas. Es un estrés endémico que aún, nos debilita más y hace, creámoslo o no, una bajada de defensas del sistema psicoinmune, propiciando más catarros, más enfriamiento, más micro inflamaciones del segundo cerebro -el mesentérico, estómago-, etc… Pero, ese sentimiento que como veredicto nos comentamos tomando el vermú, -¡más que todo a ver qué decía el “listo de fuera”!-; era un juicio que mucha gente lo está elaborando y produciéndose -sin darse cuenta-, una estenosis mental que sin duda actuarán dichas emociones sobre nuestra biología, más pronto que tarde, y eso es así…cuando esa incertidumbre toma “carta de ciudadanía”.

No quiero, ni creo ser un agorero, no. Soy muy optimista, y creo y siento que estamos viviendo tiempos mucho mejores -a pesar de los pesares entendibles, tanto económicos como políticos-; que hace décadas. Pero también entiendo que esa continua incertidumbre nos deja vuelta al aire, y si no nos damos cuenta, nos produce un sinsabor continuo que no nos favorece nuestra vida doméstica y laboral. Sí, tienes razón, estamos a veces en un laberinto social, legal, político, que llamamos crisis… Pero no olvidemos que estando vivos, sanos, equilibrados…; tenemos mil alternativas para elegir un camino y disfrutar haciendo lo que haces y hacerlo bien y, sin darte cuenta, estarás encaminado fuera del laberinto de la desidia, del desinterés y del pesimismo que tanto daño nos produce. Sí, aceptemos que estamos en crisis, en ese laberinto de la desconfianza de todo tipo, vale. Pero no nos conviene corroer nuestro cerebro con una cierta crisis de emergencia que contamine y empobrezca nuestra vida mental, psicológica, emocional, porque nos hace más vulnerables y la emergencia se convierte en enfermedad crónica, que es casi igual que vivir asustadizos, constreñidos sin visionar un futuro prometedor que depende más de nosotros mismos que de los políticos de turno. Con las miserias que nos rodean poco podemos hacer, como no sea cambiar nuestro chip y resetear nuestro cerebro a nuestro favor. No queda otra. Tenemos más fortalezas que debilidades. Solo falta creértelas y hacerlas crecer. Y cuando la crisis se relativiza, parece que se ha disipado… Pero no se baje de único tren que tenemos que es la vida.

Emilio Garrido-Landívar. Dr. especialista en Psicología de la Salud.

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