"Dar el primer paso en un museo da fe de cierto anhelo de perdurar y de la vocación marmórea de unas negociaciones que aspiran a quedar para la historia"

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José María Romera

Publicado el 28/10/2023 a las 05:00

Firmaron Sánchez y Díaz su acuerdo de Gobierno en el museo Reina Sofía, y el mundo del arte recibió una sacudida de satisfacción. Por una vez, se dijeron algunos, la política se rinde ante la cultura. Lo de visibilizar, y eso. Luego la esperanza quedó desvanecida al leer el capítulo cultural del programa, una cosa a medio camino entre lo testimonial y la nada. Pero ahí quedaba el gesto, grandioso, elegante, simbólico. Bien es cierto que a primera vista el simbolismo podía resultar chocante: que dos formaciones de izquierdas, una de ellas declaradamente republicana, celebren sus esponsales a la sombra de una figura de la monarquía, por emérita que esta sea, no parece un comienzo muy acertado. En su descargo habrá que recordar el problema de los madrileños con los alquileres de viviendas y locales. Al final uno se mete donde puede y no donde le gustaría. Yolanda Díaz se encargó de despejar las dudas. No supo explicar el motivo de la invasión de un recinto cultural de todos para el desarrollo de un acto político de parte. Pero sí aclaró que la elección del museo como lugar de encuentro fue debida a que su acceso está presidido por la escultura de Alberto Sánchez que representó a España en la Exposición Universal de París en 1937. Ojo al apellido. El título de la pieza es “El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella” y consiste en un cactus antropomórfico de color blanco coronado por una estrella de color rojo que trata de representar la utopía socialista en tiempos convulsos. Teniendo en cuenta que la coalición de Gobierno se ha presentado bajo el lema “España avanza”, todo empieza a cobrar sentido, al menos en la mente de los firmantes. Queda claro que dar el primer paso en un museo da fe de cierto anhelo de perdurar y de la vocación marmórea de unas negociaciones que, contra la impresión de fragilidad coyuntural que producen en los más escépticos, aspira a quedar para la historia. Por de pronto ya es una obra de arte, puesto que ha entrado en un museo. Algo es algo. Ahora le queda materializarse en obra política, cosa que no garantizan las pinacotecas aunque las avalen ilustres personalidades como el escultor Sánchez o la reina Sofía. Porque hay caminos que llevan a las estrellas y caminos donde uno acaba estrellado.

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