"La guerra del coche eléctrico"
"La industria europea se juega su futuro en la invasión del mercado con vehículos chinos baratos gracias a supuestas ayudas que la Comisión Europea está investigando"

Publicado el 24/10/2023 a las 05:00
Un modelo fabricado en China es el coche más vendido en España por primera vez en la historia. La irrupción del gigante asiático en el sector resulta llamativa en el segmento de los automóviles con motores eléctricos puros, en el que la combinación de precios muy inferiores a la media y unos estándares de alta calidad le ha permitido hacerse en un tiempo récord con una cuota de mercado en toda Europa que no deja de crecer. En el caso de nuestro país asciende ya al 3,8% de todas las matriculaciones, más del triple que hace un año. Una expansión que ha encendido las alarmas y está muy lejos de tocar techo en una actividad estratégica para la UE, cuya industria se juega en esta batalla el presente y, sobre todo, un futuro que estará asociado a la transición energética verde y al protagonismo que adquiera en ese proceso de transformación. Las sospechas de que el imparable ascenso de China en este ámbito se basa en subvenciones públicas que van contra la libre competencia al posibilitar que sus marcas inunden los mercados globales con vehículos artificialmente baratos han llevado a la Comisión Europea a abrir una investigación por “prácticas depredadoras” que, de ser confirmadas, se traduciría en medidas correctoras, sin descartar elevados aranceles. Pekín ha calificado de “puro proteccionismo” esa respuesta y amenazado con represalias. La potencia asiática se ha volcado en liderar el desarrollo de tecnologías que determinarán el porvenir del planeta. Su apuesta por el coche eléctrico forma parte de esa estrategia y es prioritaria para impulsar sus exportaciones y compensar así las debilidades de su economía. El peso de la automoción en la UE otorga una enorme relevancia a este pulso. Las empresas chinas tienen la ventaja de una integración vertical que reduce sus costes al controlar las materias primas básicas. Pero la opacidad del país y sus agresivos precios justifican los recelos de Bruselas. Europa ha de acelerar la puesta a punto de su industria y de sus políticas para ser competitiva en este terreno. La defensa del libre mercado es obligada. Una guerra comercial, nada deseable.