Oriente Próximo nos interpela
La carencia de una política exterior consensuada limita la capacidad de España de actuar con más personalidad en la esfera internacional

Publicado el 18/10/2023 a las 05:00
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dio el martes por zanjado el “incidente puntual” por el “gesto inamistoso” en el que incurrió la Embajada de Israel en Madrid el lunes al emitir un comunicado denunciando que “ciertos elementos” del Gobierno español “han optado por alinearse con este terrorismo tipo Isis”. Lo hizo en alusión velada a la líder de Podemos, Ione Belarra, en sus reacciones al ataque de Hamás del pasado día 7. La respuesta a ese escrito ha suscitado la única coincidencia expresa entre los socios de coalición desde que estalló la crisis, puesto que en todo lo demás ha destacado el afán de Sumar por un lado y de Podemos por el otro de hacerse notar respecto a las posiciones expresadas por Pedro Sánchez y por el jefe de la diplomacia. Este quiso recordar ayer que sólo ambos pueden hablar en materia internacional en nombre del Ejecutivo. El requerimiento público al presidente por parte de la ministra de Asuntos Sociales para que España denuncie a Netanyahu ante el Tribunal Penal Internacional es, en sí mismo, una declaración inamistosa desde el seno del Gobierno. Proceder al reconocimiento voluntarista del Estado palestino, demandado también públicamente por Sumar de cara a las negociaciones para la investidura, podría situar a España en tierra de nadie en uno de los momentos más críticos que ha vivido Oriente Medio. Las diferencias dentro de la coalición que aspira a seguir gobernando el país derivan, en buena medida, de la inexistencia de una política internacional consensuada. La clamorosa falta de diálogo al respecto entre los dos principales partidos -PP y PSOE- y la tendencia a convertir los intricados cambios que experimenta la geopolítica en materia propicia a la confrontación doméstica -empezando por nuestro papel en la UE- contribuyen a que los extremos del arco parlamentario adquieran relevancia en sus aproximaciones ideologizadas a las incertidumbres de alcance global. La carencia de una política de Estado pactada es lo que limita la capacidad de España de actuar con más personalidad propia en la esfera internacional.