"Asocio su muerte con la labor que el Ejército desarrolla de manera silenciosa en tiempos de paz"

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Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 15/10/2023 a las 10:40

Cada 12 de octubre, Día de la Hispanidad y desfile de las Fuerzas Armadas, me acuerdo de mi tío y padrino Javier Gracia, teniente de las milicias universitarias en el Regimiento de Pontoneros del cuartel de Monzalbarba. Bromista sin descanso, amante del deporte, lo veíamos cuando visitábamos Zaragoza. En 1974 entrenó al boxeador Perico Fernández, que se preparaba para ser Campeón del Mundo del peso ligero mientras cumplía el servicio militar bajo su mando. Ganó el título contra el japonés Lion Furuyama, al que ganó por decisión arbitral tras quince asaltos agónicos en blanco y negro. Perico Fernández dedicó el título al teniente Gracia. “¡Ese es mi hermano!”, gritó mi padre henchido de orgullo. Cuatro años después, mi tío Javier pasó muchas horas buceando en las aguas turbias del Ebro, a la busca del cuerpo de una niña ahogada. Sufrió un infarto y murió, tenía 32 años. Para mí, que me enteré a través de El Heraldo de Aragón por causas que no vienen al caso, fue un shock. Mi padre sufrió una depresión y la casa se llenó de retratos de su hermano pequeño; un hombre muy joven que guardaba un gran parecido con Towns Van Zandt. Asocio su muerte con la labor que el Ejército desarrolla de manera silenciosa en tiempos de paz: atención y protección de la población civil en conflictos armados; mantenimiento de campos de refugiados; vigilancia de embajadas, etc. La Unidad Militar de Emergencia cumple labores encomiables en terremotos, inundaciones e incendios. Todo eso forma parte de las labores del ejército español, al que en especial los nacionalistas ningunean y desprecian, aunque serían los primeros en pedirle ayuda en caso necesario. En su imaginario fronterizo desearían tener un ejército propio. Su objetivo es claro: desalojar a las fuerzas del orden para instaurar las suyas. Poco a poco, van haciéndose con las competencias de tráfico y su sueño adánico es un territorio ahormado por un ejército regular. Me pregunto cuántos oteguis y puigdemones darían su vida por el cadáver de una niña ahogada.

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