"La no investidura de Feijóo me recordó a un partido de la selección española de fútbol en el Mundial de Francia de 1998"

Actualizado el 01/10/2023 a las 10:43
Días después del 23-J, cuando todo el mundo pronosticaba la repetición de las elecciones, tomé un café con un amigo que despejó mis dudas: “Sánchez pactará con los independentistas, les concederá lo que piden, y si no puede sostener la coalición alargará el proceso hasta que las encuestas le sean favorables. Entonces convocará elecciones”. Mientras escribo esta columna, todas las opciones parecen abiertas, pero mi amigo no leyó los posos del café ni escrutó las vísceras de una paloma. Recordó cuál era la naturaleza del actual presidente en funciones: Yo el Supremo. Finalizó con una sentencia: “Lo pagará caro”. Quizá, yo añadiría un matiz, debió utilizar la primera persona del plural: “Lo pagaremos caro”. La política de tierra quemada nos deja a la espalda un paisaje ucraniano. La no investidura de Feijóo me recordó a un partido de la selección española de fútbol en el Mundial de Francia de 1998. Apeada de la competición en la fase de grupos, jugó un partido intrascendente contra el escuadrón militar de Stoichkov y sus diez tuercebotas. La selección de Kiko Narváez, Morientes y Luis Enrique le endosó media docena de goles y luego regresó a España aparentando dignidad ante el fracaso. Feijóo ha mostrado que a pesar de defender una investidura perdida, es capaz de replicar con la contundencia de George Foreman en el cuadrilátero. Especialmente cruenta fue la paliza dialéctica que le infligió a la portavoz de Sumar, una tal Marta Lois, que miraba a su alrededor buscando un agujero donde esconderse. Daban ganas de decir: “Déjala ya, que no respira”. En tanto, Sánchez se reía a la cabeza de un PSOE que reniega de los “viejos” del partido, a quienes algún día votamos. La selección que dirigió Javier Inclemente, nos produjo vergüenza y tristeza. Se parece mucho al sentimiento que me inspiran tantos conciudadanos. Asisten al derrumbe de la separación de poderes, a la rotura de las costuras del Estado, a un Gobierno en manos de un tejón prófugo de la Justicia. Y se encogen de hombros.