"Esta propuesta sigue a la triste sesión del Congreso donde gente que se entiende perfectamente se dedica a utilizar pinganillo"

Actualizado el 24/09/2023 a las 17:42
En su intento de lograr el apoyo de Junts a la investidura, cada vez más caro, el PSOE ha propuesto que el catalán se incorpore como lengua de trabajo en la UE, asumiendo además España los costes que acarree, que no serían pocos, pues aparte de traductores y medios habría que volcar todo el acervo comunitario, un montón mareante de normas, a esta lengua. Lo cierto es que, aunque parece olvidarse, el dinero no cae del cielo, sino de nuestros bolsillos -como ha recordado Carlos Medrano- y resulta un abuso que se pague alegremente algo así, como quien invita a otra ronda, habiendo antes tantas necesidades que atender, solo con el fin de mantenerse en el poder. Esta propuesta sigue a la triste sesión del Congreso donde gente que se entiende perfectamente se dedica a utilizar pinganillo, y de prosperar, cosa improbable, abriría las puertas de Babel. En Europa hay decenas de lenguas minorizadas, locales, particulares, que van a ver la posibilidad de postularse como ha hecho el catalán, pues no se sabe por qué habrían de ser menos. De producirse una multiplicación de lenguas, no sería extraño que en un idioma al final se dijera lo contrario que en otro, pues las palabras las carga el diablo. Ya de por sí en la Europa actual es difícil ponerse de acuerdo, los debates y las decisiones son complejas, hay que trasladar las normas a los ordenamientos internos -que han de ser interpretadas por los tribunales- y sumar nuevos idiomas crearía todavía más confusión y burocracia, mayor incluso de la que ya reina. Las lenguas son un tesoro, sin duda, pero también una maldición. Una barrera. Recuerdo aquel soberbio cuadro de Brueghel el viejo en que se ve la enorme torre Babel abandonada a la mitad. Según la Biblia, los hombres creyeron que trabajando juntos llegarían hasta el cielo, pero Yahvé, molesto por su osadía, decidió confundirles y creó idiomas distintos para que no se entendieran entre sí. Al cabo de un tiempo, se dice en el Libro, abandonaron el trabajo y se dispersaron en todas direcciones.