"La nostalgia al final de las vacaciones"

Publicado el 04/09/2023 a las 06:00
Se van acortando los días y septiembre asoma como un enemigo, con días más cortos y noches más largas. Y sin darnos cuenta percibimos melancolía, morriña, tristeza, pena, pesadumbre. No deja de ser una emoción que se convierte en sentimiento. Pero sabemos que es cognitivo, que no significa otra cosa que puedes y debes resetear tu cerebro para que ese sentimiento se torne en alegría y serenidad, para que no te condicione el mes de septiembre, donde todo viene como catarata repentina y nos deja sin aliento y una montaña de gastos que se añaden a los de la playa y del chiringuito.
Por eso me viene a la mente nuestro poeta Horacio, con el que tuve la suerte de leer y comentar en mi formación de sexto de bachillerato: “Carpe diem quam minimum credula postero”, que traducido al voleo quiere decir que “aprovechemos el día a día, y no te fíes de un mañana que quizás no llegue”. ¡Qué sabiduría de los clásicos, qué pena me dan los jóvenes, que no saben quién fue Horacio, ni Virgilio…! El poeta nos invita a no desperdiciar el tiempo que viene, que aunque sea septiembre, la rutina es nuestro medio más normal y racional, que no tiene apenas incertidumbre y donde vivimos más felices, porque esa rutina nos trae maduración, control, horarios, disciplina y comidas caseras y controladas, donde el colesterol baja y el ácido úrico se regula. ¡Bendita rutina que empieza en septiembre!
Ábrele la puerta de par en par, se acabaron las vacaciones, sí, tan necesarias; pero entramos en la vida de siempre, en esa rutina que nos hace desear con mayor goce los fines de semana tranquilos con la familia, descubriendo los higos de San Miguel, y las peras limoneras… Sí, es cierto que los días se acortan y el verano será pronto un adiós, un recuerdo, una huella apenas perceptible, pero si lo has pasado bien en ese “tiempo fuera”, cada vez que lo recuerdes y lo imagines, lo volverás a disfrutar tanto o más, y sin pagar nada, pues nuestro cerebro no diferencia entre real o lo imaginado, así que cuando lo imagines, si es agradable, volverá a serlo tantas veces lo desees. Fuera la nostalgia. Agárrate a la vida y a la rutina.
Se pasa todo tan rápido, que no nos damos cuenta. Colegios, libros... En pasando el puente del Pilar, ya estamos en Navidades, y así se nos pasa la vida “tan callando”, a tal velocidad, que las semanas son días y los meses quincenas y la edad aún los acorta mucho más. Y sin darte cuenta, esa morriña pseudodepresiva llama a tu puerta y no sabes qué hacer; solo protestas, te enfadas, murmuras y ya no te acuerdas de la paella en la Malvarrosa. En vez de disfrutar de lo bien que lo pasasteis en familia, recordándolo y diciendo: Mereció la pena estos días de paz, de familia, de la suegra y del abuelo, que todos contribuyeron hasta con su aporte humilde, pero lleno de cariño y de generosidad.
Desde que este reseteo lo inicies intencionadamente, el algoritmo cambiará a favor, y tu cerebro creará un clima de premio, de satisfacción, estimulando la dopamina y te reporta tal nivel de deleite que trueca la nostalgia en pura felicidad y gratis, sin utilizar la visa. ¿Ha visto lo fácil que es abortar esa morriña y tirarla por la ventana, que nos está haciendo no disfrutar de ese “carpen díem” del que canta el poeta Horacio?: “Mejor será aceptar lo que venga, ya sean muchos los inviernos que Júpiter te conceda, o sea éste el último, el que ahora hace que el mar Tirreno rompa contra los opuestos escollos. Sé prudente, filtra el vino y adapta al breve espacio de tu vida una esperanza larga”.