"Se merece una cremación con música de violines de fondo, como un humano"

Publicado el 28/08/2023 a las 06:00
Me adelantó despitolada una camioneta por la autovía, y vi que era de una empresa crematorio de mascotas, con el nombre de Beti zurekin, es decir, siempre contigo, que puede que se refiera, pensé, al dueño o a la fiera, nunca se sabe. Siempre juntos, como un viejo matrimonio. Además alcancé a leer otro lema en la furgoneta, antes de que se alejara, que decía “él también lo merece”, en este caso dedicado a la mascota. Se merece una cremación con música de violines de fondo, como un humano. Mientras están vivos, perros, gatos, etc... llevan una vida cada vez más parecida a la nuestra: alimentados, vestidos, regañados, así que no es raro que se les iguale a la hora del tránsito. Se trata, sin duda, de un nicho de negocio, como se dice ahora. Una mina. Enseguida recordé la novela de Evelyn Waugh, Seres queridos, que escribió en los años 20, impactado por los ritos funerarios con que los millonarios de Hollywood se despedían de sus mascotas. Así que esto viene de lejos, pero ya no es cosa solo de millonarios. Waugh escribe un libro anticipatorio, donde los cadáveres de perros y seres humanos son tratados de la misma manera. Una parodia de un mundo que en el fondo quiere eludir la muerte a base de dinero, fastos y maquillajes. Pensar en Waugh -espléndido humorista- me ha hecho recordar algunos libros suyos más: aquel inolvidable Retorno a Brideshead, con Jeremy Irons, adaptación de su novela, y otras como Noticia bomba, o la titulada aquí -hoy sería imposible, iría directamente a prisión- Merienda de negros, donde un ingles ridículo y amoral debe gobernar un país africano y crea todo tipo de conflictos tribales que terminan en el caos. Wauhgh dijo de esta novela que trataba tanto de la civilización, con su deplorables perversiones, como de la barbarie, sin salvar ninguna. Entre los desternillantes personajes de esta farsa están, por cierto, dos damas que en medio de todo el desastre se presentan in situ para observar el trato que se da a los animales en este país bárbaro, como si fueran dos damas del Peta en sanfermines.