Cartas de los lectores
La carrera de nuestras vidas


Publicado el 02/08/2023 a las 06:00
El sábado pasado, tuvo lugar el último triatlón de Peralta organizado por el Club Atalaya, con el que entrené y competí muchos años, y al que tengo un cariño muy especial. Porque el triatlón me enseñó mucho. Me enseñó la constancia y el esfuerzo que hace falta para competir y, sobre todo, para ganar. Me enseñó que con entrenamiento, trabajo y dedicación, puedes conseguir casi cualquier cosa que te propongas.
Pero también aprendí una valiosa lección, y es que también me enseñó a perder.
No siempre se gana. No siempre puede ser la carrera perfecta. Y está bien. Está bien aceptarlo. Está bien entenderlo. Y está bien llevar la derrota con deportividad. Pero el Triatlón Atalaya ganó muchas veces. Vaya que si ganamos, y no solo trofeos.
Esta es la historia de cómo unos chavales que entrenábamos por las tardes, acabamos haciéndonos hueco en el podium de los Campeonatos de Navarra, de cómo fuimos a los de España, y de cómo algunos incluso grabaron a fuego sus nombres en la historia del deporte de este país.
Porque, al fin y al cabo, esta es la historia de cómo un equipo de un pueblo de menos de 6.000 habitantes, empezando de cero, se hizo grande. Y no puedo estar más orgullosa de haber formado parte de él.
Lo del sábado no fue un adiós, ni una derrota. Lo del sábado fue un hasta siempre. Porque las enseñanzas del Triatlón Atalaya, de sus entrenadores y compañeros, y de Emilio Navarro en particular, con su buen humor, su motivación, y su sonrisa, siempre nos acompañarán en la carrera de nuestras vidas.
Hasta siempre. Porque lo grande a veces se marcha, pero siempre perdura.