"Todo el mundo daba por hecho que los engaños y las cesiones de Sanchez le pasarían factura"

Publicado el 31/07/2023 a las 06:00
Pasé por Salvatierra, en la llanada alavesa, y me acerqué a ver el gran dolmen que hay allí cerca, Sorginetxe lo llaman, casa de brujas que, junto al de Egilaz, tiene justa fama y es todo un símbolo, pues lo vasco, al decir de Oteiza, tiene algo todavía del paleolítico, como a veces resulta evidente y al llegar allí el viento hacía mover las hierbas altas que amarillean en el prado, frente a las que el dolmen aparecía solitario e imponente, un hito en el dilatado llano que se extiende hasta Vitoria, flanqueado por los oscuros montes vascos: a un lado el cretácico Aitzgorri, como decía Baroja, y enfrente la sierra de Entzia, que es la continuación alavesa de Urbasa. Por ese amplio corredor se retiró la tropa de Napoleon tras la derrota que le infringió Wellington en la célebre batalla de Vitoria, en 1813; fueron renqueando hasta Pamplona llevando con ellos a Jose Bonaparte, que escapaba con todo lo que pudo arramblar: joyas, muebles, cuadros de Tiziano y Tiepolo, un tesoro que tuvo que abandonar por el camino. La mayoría de estas obras acabaron en Inglaterra pues cuando Wellington quiso devolverlas, Fernando VII, repuesto en el trono para desgracia del país, le dijo que podía llevarse lo que quisiera. Este rey, antipático y mandón, empeñado en reponer el absolutismo, fue encumbrado después de un enorme esfuerzo de guerra patriótica contra el francés y a su llegada se oyeron aquellos gritos terribles de ¡vivan las cadenas!, con los que se daba la espalda a cualquier idea de progreso y libertad, pues en España siempre ha habido una querencia insana a someterse al poder. Todo el mundo daba por hecho que los engaños y las cesiones de Sanchez le pasarían factura, y él y su partido serían castigados al rincón de pensar, pero no ha sido así. La prensa viene repleta de análisis y comentarios de lo que ha pasado, sin encontrar una explicación y ven el país ingobernable. Junto al dolmen que ha visto tanto, todo esto parece una minucia, más de lo mismo. Como si ponerse en el disparadero, despeñarse casi, es lo que lleváramos en la sangre.