Años perdidos

Publicado el 24/07/2023 a las 06:00
La editorial sevillana Renacimiento -bello nombre para lanzar libros al ruedo-, bajo la batuta de Abelardo Linares, acaba de publicar uno sobre los años perdidos de Chaves Nogales, un escritor que, como quizás alguno de los que me leyó la semana pasada recuerde, estaba en París en 1939, viendo como Francia se hundía ante el avance alemán, lo que contó de forma formidable en su libro La caída de Francia, que retrata un país sin fibra ni ánimo que ha olvidado su propio valor y dimensión histórica; un libro que hubiera sido un clásico del reporterismo y la crónica histórica, un éxito internacional, si no fuera porque Chaves fue rápidamente orillado y desapareció muy pronto de escena, hasta el punto que la mayoría de su obra ha estado oculta y olvidada, como muchos de los autores de lo que se ha venido en llamar la tercera España, ajenos a la obediencia ideológica de los partidos y las modas. Chaves venía de España en plena guerra, de donde salió desesperanzado. Era un republicano, fiel a su causa, que no quiso cerrar los ojos a los desmanes y locuras de ambos bandos y los contó. En Francia, al poco de llegar, escribió su colección de cuentos A sangre y fuego, donde, además de darnos unos relatos estremecedores, hay un prólogo que no tiene desperdicio, lúcido y emocionante, que desvela el fondo de aquel horror. En 1940, cuando los nazis entran en París, Chaves salta a Inglaterra, donde comienzan esos años perdidos, casi desconocidos, hasta el 44 en que muere, cuando se atisba ya el final de la guerra mundial y la esperanza de que caiga Franco. En un Londres de espías y refugiados escribe sin parar cientos de artículos en favor de los aliados que se publican en Hispanoamérica. Poco antes de morir concede una entrevista, donde se refiere a la necesidad de convivir en una España futura con los separatismos, lo que parece una premonición y sobre todo, añade, “con el separatismo innato del español”, ese hosco desprecio a la razón del contrario y esa tendencia a tenerlo por enemigo, que todavía hoy resuena.