En las sedes de los partidos les van a faltar dedos para roer

Actualizado el 23/07/2023 a las 16:54
Hoy seguiremos los escrutinios electorales sentaditos en el sofá, mediremos horquillas y sumaremos posibles pactos postelectorales. Hace muchos años que dejé de morderme las uñas, así que no será hoy cuando comience de nuevo, aunque en las sedes de los partidos les van a faltar dedos para roer. Si a los candidatos les faltan uñas en las manos, pueden empezar por las de los pies, aunque advierto que para conseguirlo hace falta haber practicado yoga. Todos estamos ya un poco cansados de esta campaña electoral comprimida y densa como una pastilla de Starlux. Lejos queda aquella “ola reaccionaria” que recorrió España como un fantasma recorrió Europa. Tras el primer debate (el segundo a tres no lo vi, ya perdonarán mi indolencia), ha girado en torno a la verdad y a la mentira, como si los datos y los hechos, por fin, fueran algo importante. En realidad, si bien se mira, son lo único que en realidad importa, más allá de los expertos en lenguaje no verbal, los consejeros áulicos en telegenia y los expertos en mercadotecnia electoral. Pero desde aquel debate en el que a Nixon le sudaba el bozo y John F. Kennedy parecía recién salido de la ducha, los candidatos electorales se han transformado en marcas: ¿Cocacola o Pepsi? Mucho me temo que el interés mostrado en los últimos días por los datos exactos del IPC, el PIB, los peajes o el número de los empleados fijos discontinuos, no es más que otra forma disfrazada de afán objetivo para vendernos un detergente que lava más blanco porque no deja mácula en la ropa política. Ciertamente, algún producto de limpieza habrá que comprar, pero no seré yo quien les diga qué es mejor, si votar a KH7 (que tiene nombre de fusil de asalto), Lejía Conejo o a Don Limpio. Sentadito en el sofá, sólo espero no escuchar a un tertuliano preso de cursilería, decir que la jornada ha sido “la fiesta de la democracia” o “que el pueblo nunca se equivoca” porque los votantes no estamos ya para muchas fiestas y los del pueblo, así como suena, no siempre votamos bien.