Cartas de los lectores
Los Sanfermines sin San Fermín no son nada de nada


Publicado el 11/07/2023 a las 06:00
Nadie en su sano juicio negaría que si existen los Sanfermines y siguen siendo universales es porque detrás está la gran figura de ese galo-europeo que siendo romano, se convirtió, fue obispo, pastor de su ciudad y nos trajo a Pamplona la fe. La cultura cristiana, que ha sido y sigue siendo, a pesar de los pesares, la base de la cultura europea. Los Sanfermines, sin el santo de Amiens, de Pamplona, no tiene enjundia ninguna. Sin esa fe, sin esa cultura cristiana, europea, universal, que ha dado sentido a nuestras vidas durante dos mil años, y en Sanfermines se ha concentrado en una festividad religioso-tradicional-cultural, que traspasa fronteras y se envidia en el mundo globalizado en el que nos movemos. Pero, no olvidemos que su origen, su raíz es sangre, martirio, fe, cristiandad, apertura cultural en rojo y blanco: rojo por la sangre del martirio de San Fermín, decapitado, y de ahí el pañuelico rojo, abolengo de nuestras fiestas e imitado en la mitad de la España festiva, aunque en otros colores, pero siempre anudado al cuello y rojo.
Para celebrar los Sanfermines acudimos como todos los años -este año sin nietos-, a la procesión, en el cruce de Chapitela. Más gente que nunca, pues llevamos muchos años yendo a ese cruce de calles y aromas, esperando la figura de San Fermín, mejor dicho el relicario de San Fermín, que eso es en realidad la efigie que en trono de plata con capa roja, pasea por las calles de nuestra ciudad bendiciendo a todos, sí a todos, porque como decía Luis Landa en DN: “San Fermín no entiende de política o de campañas electorales”; y él bendice a todos los navarros piensen como piensen, y en estos días todos pensamos de similar manera: disfrutar, descansar, respetar, celebrar nuestra primera fe, agradecidos y por qué no, cantar y bailar -¡que es rezar dos veces!-, y acudir a esos actos trascendentes que nos hacen más humanos y más sanfermineros, porque sin San Fermín, no hay Sanfermines.
A la tarde, después de un diluvio, quedó una temperatura veraniega fresca y nos acercamos como cada año a la Capilla del Santo, a besarlo, a fotografiarlo, a oír misa y cumplir así un rito, una tradición sanferminera -¡nunca mejor dicho!-, que dar gracias al patrón por ese capote que nos cubre todo el año y que hay que repetir una y mil veces mientras estemos vivos, para que la tradición se cumpla, porque haciéndolo nuestros cerebros se enriquecen de mayores conexiones neurotróficas, y nos hacen más felices. Dn. Javier Leoz, que hace que la misa sea más viva, más sanferminera, más alegre y más roja que nunca; secándose el sudor varias veces, nos dijo cosas que son necesarias escuchar y reflexionar: “A pesar de las crisis que vienen y se van y vuelven a venir, a pesar de que hay gente que lo pasa mal, no nos falta de casi nada, pero nos sigue faltando Él, Jesús de Nazaret, por quien San Fermín, “perdió la cabeza. Imitemos una vez más, aprovechando esta festividad, a nuestro Santo Patrón, y perdamos la cabeza por ese Jesús al igual que hizo en el siglo IV San Fermín”.
Sin San Fermín, no existen los Sanfermines, que le quede claro querido pamplonica, querido navarro, querido visitante de fuera y de otras latitudes; a todos agradecemos su visita, su disfrute, su fiesta, su alegría, pero no olvidemos que la razón de ser, la verdadera razón es celebrar que gracias a San Fermín, en el Pocico de San Cernín, fuimos cristianos en una época donde no era lo corriente ni lo normalizado y por eso merece la pena una fiesta tan universal como son los Sanfermines.