"La humanidad ante una encrucijada decisiva"
"Me pregunto qué planeta van a recibir en herencia los hijos y nietos de nuestros nietos allá por el año 2100"

Publicado el 05/06/2023 a las 06:00
Los organismos de las Naciones Unidas con competencias sobre el clima en el mundo continúan emitiendo informes, de acuerdo con sus compromisos y calendarios, cada vez más inquietantes y preocupantes. Si en enero del presente año fue el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), el grupo de los más destacados científicos del clima, el que publicó su 6º informe sobre la situación del cambio climático, a mediados de abril, ha sido la Organización Meteorológica Mundial, (OMM), la que ha difundido su informe anual sobre el estado mundial del clima. En el primer caso se trataba, como comenté en un reciente artículo, de un informe de síntesis de los emitidos por dicho Panel desde su creación en 1988, que reunía los principales hallazgos y conclusiones de los anteriores, actualizados con los datos y observaciones aportados durante los últimos años y constituía, en consecuencia, una completa revisión del conocimiento global del clima. Los científicos responsables de su redacción incluían alarmas de que el mundo se está acercando a peligrosos niveles de calentamiento global, con impactos catastróficos próximos a ser irreversibles, por lo que pedían tomar medidas drásticas para evitar el desastre.
El informe de la OMM alerta de que el cambio climático podría ser irrevocable y sus consecuencias perdurar miles de años. Los índices de temperatura registraron promedios récords de hasta 1,15° más elevados que los existentes en la época preindustrial, que se toman como referencia. El informe indica que los últimos ocho años han sido los más cálidos de la historia y la subida implacable de la temperatura provocará cambios que afectarán a todos los continentes.
Se produjeron sequías, inundaciones, deshielo y olas de calor que, además de ocasionar en 2022 pérdidas económicas incalculables, son la causa de desplazamientos humanos, inseguridad alimentaria y modificaciones importantes en los ecosistemas. Según los científicos, 2022 fue el quinto año más cálido desde que existen registros. Olas de calor sin precedentes azotaron el continente europeo el pasado verano. En este continente las temperaturas aumentan dos veces más rápido que en el resto del planeta. El calor causó la muerte de unas 15.000 personas, señala la OMM, y los países más afectados fueron España, Francia, Reino Unido, Alemania y Portugal.
A pesar de este sombrío y muy preocupante panorama, la agencia de Naciones Unidas mantiene una nota de esperanza cuando señala que tenemos los instrumentos, conocimientos y soluciones necesarias para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar a 1,5° el aumento de las temperaturas del planeta. En caso contrario, las consecuencias socio económicas y medio ambientales serán nefastas para nuestro planeta.
Hoy la Humanidad se encuentra ante una encrucijada decisiva con dos diferentes caminos por delante que tendrán un impacto directo en nuestro futuro y el de las generaciones que nos sigan.
El primero, consistente en mantener la trayectoria actual, continuar con el “business as usual”, con tímidas actuaciones por parte de los diferentes gobiernos y empresas más contaminantes para reducir emisiones, conduciría a un futuro de continua subida de temperaturas, sequías duraderas, hambrunas, desaparición de glaciares y elevación del nivel de los mares, entre otras pésimas consecuencias.
El segundo, por el contrario, más áspero y difícil de recorrer, requiere actuaciones decididas y urgentes por parte de todos los agentes implicados para cumplir los objetivos del Acuerdo de París, reduciendo drásticamente las emisiones globales de gases con efecto invernadero para limitar el incremento de temperaturas en este siglo a menos de 2ºC, haciendo todos los esfuerzos necesarios para limitarlo aún más, a menos de 1,5ºC. Sin embargo, es imprescindible recorrer esta senda porque nos llevaría a un mundo más parecido al que conocemos, con buena calidad del aire, mejor salud, sistemas alimentarios sostenibles, agua potable suficiente y menor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos.
Ante esta encrucijada decisiva para el futuro de la Humanidad, no es de extrañar que con frecuencia me pregunte qué planeta van a recibir en herencia los hijos y nietos de nuestros nietos allá por el año 2100. Si uno de ellos pudiese comunicarse conmigo, allá donde estuviere, me felicitaría porque hicimos todo lo necesario, teniendo los conocimientos y la tecnología precisos para ello, para dejarles un planeta Tierra habitable, lo más parecido al que conocemos, como he señalado antes, o por el contrario, me reprocharía por no hacer lo necesario para salvar nuestro planeta y su futuro cuando teníamos las oportunidades para lograrlo. Ante esa encrucijada, ¿seremos capaces todos, especialmente los gobernantes de los países y directivos de las principales compañías, de hacer caso a los cada vez más apremiantes llamamientos de los científicos, que nos están diciendo que todavía es posible alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, pero que es preciso dejarse ya de bonitos discursos y pasar a la acción?
Jesús Mª Arlabán Mateos Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Economista