"Cuesta entender la última incorporación al atiborrado catálogo de fobias de la vida moderna: la turismofobia"

Actualizado el 04/06/2023 a las 11:58
Nos referimos a los turistas como si fueran una especie definida dotada de características propias y constantes, pero lo cierto es que todos somos turistas a tiempo parcial. Por eso cuesta entender la última incorporación al atiborrado catálogo de fobias de la vida moderna: la turismofobia, que unas veces adopta la forma de sordo recelo ante el visitante y otras se plasma en una abierta declaración de guerra contra el invasor. La creciente masificación turística viene engendrando sentimientos de rechazo en ciudades y países como el nuestro que, pese a depender en gran medida de los recursos aportados por los turistas, estiman que su presencia acarrea más perjuicios que ventajas. El turista siempre ha servido de chivo expiatorio al que tradicionalmente se han atribuido, con razón o sin ella, males de todo tipo: saturación de las zonas de ocio, suciedad en las calles, conductas inapropiadas, imagen negativa del lugar, y ahora desmadre del mercado inmobiliario del alquiler. Se conoce que si los precios se desbocan no es debido a la falta de regulación y a la codicia de los propietarios locales, sino a que el turista es un fan de Sacher-Masoch que goza pagando su sencillo hospedaje con tarifas de suite de lujo. Quizás haya quien crea que la solución a sus problemas de emancipación reside en la caza y captura del guiri y no en una ley de vivienda redactada con valentía. Es la vieja regla que en situaciones de dificultad aconseja olvidarse de resolverla y en vez de eso buscar a quien echar la culpa. Resulta poco útil, pero desde el punto de vista emocional reconforta una barbaridad. Al fin y al cabo, el turista siempre es el otro, y por tanto el agresor, el que pone en peligro nuestra estabilidad y nuestras certezas, el forastero sospechoso que amenaza nuestras propiedades. No es casual la insistencia con la que al pluralizar al turista se le engloba en el colectivo “horda”, como atestiguan los resultados de una búsqueda rápida en Google. “Hordas de turistas” gana por goleada a grupos, oleadas, multitudes, masas o enjambres de turistas. De ahí a temer que el día menos pensado Atila invada violentamente nuestro hogar o fuerce al casero a subirnos el alquiler solo hay un paso.