"Lancear muertos"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 07/05/2023 a las 06:00

Si bien se mira, el rebrote de la “leyenda negra” que algunos dirigentes hispanoamericanos riegan para tapar estados fallidos o que caminan al borde del colapso, es un tributo para España, pues no se lancea a un muerto, sino a un muerto muy vivo. A los delirios de López Obrador, el mariachi orate que culpó a Hernán Cortés del costumbrismo de la corrupción en México, se ha unido ahora el nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, nacido hace 66 años en Ciénaga de Oro, topónimo que arrastra un oxímoron y quizá una metáfora. No bien hubo tomado posesión del cargo, se unió al coro del “España nos roba”, aunque lo hiciera con una moneda devaluada un 23%, frente al dólar, una deuda externa de 184 mil millones de dólares y un aumento del cultivo de cocaína que alcanza las 168 mil hectáreas, la misma extensión que se dedica en todo el mundo al cultivo de espárragos (no es broma). Gustavo Petro va camino de extender el topónimo de su ciudad natal a toda Colombia. Pero no importa, la culpa será de España, terapeuta de países con complejo de Edipo. Quería quitarse “el yugo de España”, país que es máximo socio inversor de Colombia tras EEUU, y a su llegada el Rey, un muerto muy vivo, lo recibió con todos los honores y le colgó al cuello la Orden de Isabel la Católica. Fin del partido. La misma lógica rige el odio al idioma español y, por extensión, a todo lo nacional, menos a la tortilla de patatas, con o sin cebolla, que profesan afanosamente los nacionalistas de todo signo, desde el País Vasco a Cataluña, pasando por Navarra, con el beneplácito del gobierno central. Ese afán insectívoro por clavar palillos en las patas de un elefante de 600 millones de hablantes movería a la compasión si no fuera porque detrás de tanta reivindicación decorada de progresismo se agazapa el totalitarismo más rancio. “Nunca lancees a un moro muerto”, decía el consejo medieval, pero tanto los populistas hispanoamericanos como los aldeanos ideológicos del terruño sólo consiguen resucitarlo.

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