"Nuestra atención se dispersa sin dar a ningún mensaje la oportunidad de posarse en la mente"

Publicado el 06/05/2023 a las 06:00
El recién galardonado Nuccio Ordine acostumbra a contar una experiencia definitiva: cuando empezó a dar clases en la universidad, hace tres décadas, podía disertar durante media hora sin que los estudiantes se distrajeran. Ahora, a los cinco minutos de clase empiezan a mirar sus móviles y a moverse nerviosos en sus asientos. No es solo un problema educativo. Ocurre en todos los ámbitos. Son tantos los reclamos que nos asaltan a todas horas desde televisores, radios, artilugios de comunicación electrónicos, ofertas varias de entretenimiento, redes sociales, tribunas políticas y altavoces publicitarios, que nuestra atención se dispersa sin dar a ningún mensaje la oportunidad de posarse en la mente. Apenas estamos ocupados en un pensamiento, viene otro dando codazos hasta hacerse un sitio del que inmediatamente será desplazado por una nueva impresión tan centelleante como la anterior. Todo es veloz y disperso, inestable e intermitente, nada consigue mantenernos concentrados por importante que sea. Frente a los optimistas que ven en la multitarea un estímulo que nos hace ágiles y mejora nuestra capacidad de respuesta, están los datos de la ciencia que advierten de la mengua alarmante de nuestras capacidades para escuchar, prestar atención y concentrarnos en actividades y pensamientos de cualquier tipo. Quizá sea este el mayor desafío cognitivo de esta época: lograr, en medio de la vorágine, que la sobrecarga de estímulos menores que conspiran para alejarnos de lo mayor no impida ver, sentir y pensar con la suficiente profundidad para llevar una vida medianamente consciente. O, lo que viene a ser lo mismo, elegir entre ser humanos o ser máquinas. Más concretamente, máquinas recreativas, pues son las industrias del ocio las más productivas a la hora de suministrarnos excusas para girar la cabeza sin descanso de un lado a otro. Ya avisó George Orwell que ver lo que tenemos delante de nuestras narices requiere una lucha constante. Eso fue en el siglo pasado; en este, la lucha se convierte en proeza de titanes. Aunque, bien mirado, también hay distracciones absorbentes en las que mucha gente vuelca su atención, su voluntad y su tiempo con una entrega total. A ver si ahí va a estar el remedio de nuestros problemas de concentración.