"Las grandes obras literarias son la mancha que deja la libertad creativa en la grisura de la mediocridad"

Publicado el 30/04/2023 a las 06:00
Hace muchos años un compañero muy religioso, que hoy es un buen amigo, quiso hacer de mí un creyente cabal. Yo ya era lo primero, pero no lo suficiente, al parecer. Me pasó un libro para que lo leyera, acepté su propuesta a cambio de que él hiciera lo propio con una novela de Albert Camus. Al cabo de unas semanas nos volvimos a ver, cada cual con su libro no leído. Aduje en mi defensa que ya conocía el contenido del libro y él admitió que su tutor le había aconsejado que evitara la novela del autor francés. Nos devolvimos las no-lecturas y quedamos tan amigos. Cada hombre en su noche, que diría Julien Green. No terminaría ahí la lección. Tuve amigos marxistas que tenían por costumbre censurarme gustos (las “imperialistas” películas de John Wayne); actitudes (ponderaba la guapeza de amigas comunes); o simples maneras de vestir (yo lucía tipín con unos vaqueros Levi’s). Ahora se ríen, con cierta vergüenza retroactiva, de aquellos códigos presbiterianos. En casa, mi padre disponía de una amplia biblioteca en la que tenía al alcance de la mano a los mejores autores de la literatura, desde el Arcipreste de Hita a Charles Baudelaire, que me vacunaron contra el virus censor. En Estados Unidos el número de obras perseguidas es nueve veces mayor que hace 20 años. Todo empezó en los años 80, pero el año pasado se cursaron 2.500 prohibiciones de libros en 32 estados. Las acusaciones: “aberración sexual”, “blasfemia” o tratar impropiamente temas como el suicidio, la enfermedad o el racismo. Como aquí tenemos por costumbre imitar lo menos ejemplar de Estados Unidos y la ola empieza a enseñar la patita a derecha e izquierda, convendría empezar a cavar zanjas desde las que defender la libertad creativa y de expresión, tanto si la ofensiva llega del neoconservadurismo iletrado como de la lerda corrección política del pensamiento wok. No creo que sea necesario recordarlo, pero las grandes obras literarias son la mancha que deja la libertad creativa en la grisura de la mediocridad.