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"Dice Svetlana que después de oír tantas historias ya no es capaz de llorar"

Avatar del Pedro CharroPedro Charro24/10/2022
Más o menos en el ecuador de estos Encuentros 72-22, que tras dos intensas semanas han llegado a su fin, cayó una gran tromba de agua sobre Pamplona -más que en todo el verano- que fue deshaciendo las pacas de paja que junto al Baluarte se habían dispuesto tal vez para que la gente parase un momento y se sentase a hablar, y algo parecido, pensé, iba a pasar con el río de palabras que, día tras día, se habían pronunciado allí dentro, que se irían deshaciendo en la memoria como las pacas de paja en la plaza, arrastradas por la riada, olvidadas como un paraguas; a fin de cuentas la cultura, como dijo alguien, no es sino ese poso que queda cuando se ha olvidado todo, una especie de desván repleto donde es difícil encontrar algo, un cajón donde se entremezclan las monedas falsas con las buenas, y si tuviera que elegir alguna de estos días para verla brillar de nuevo, escogería la música mística del Niño de Elche, la cara de pillo de Massimo Cacciari, los poemas llenos de ángeles de Ana Blandiana, el bosque interior del que habló un filósofo muy alemán; sobre todo las palabras que en voz queda dijo Svetlana Alexievich, que son el eco de esas otras voces que ha recogido incansable para que no se pierdan: voces de los supervivientes de Chernóbil, de los humillados por el poder soviético, de todos aquellos seres pequeños que guardan una historia dentro que no quieren contar, que no creen importante, pero que es el relato verdadero del mundo, la voz de los sin voz. Dice Svetlana que después de oír tantas historias ya no es capaz de llorar, y que haber visto tanto odio y dolor le ha hecho ver lo frágil y superficial que es el barniz de la cultura y educación que nos hace convivir, que nos separa de la barbarie, algo que tenemos que cuidar y regar como una planta, porque a veces todo eso cae de pronto, se disuelve, podemos decir, como una paca de paja, y vuelve la guerra, aparece el animal que llevamos dentro. Levantemos un muro contra eso, han querido decir quizás estos encuentros.
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