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"Mucho más que riesgos en Internet"

"No nos podemos quedar sólo en lo negativo porque de ser así no lograremos los avances que pretendemos en nuestros hijos"

Avatar del undefined Sonia Ledesma19/10/2022
Iniciado un nuevo curso e interiorizados firmes propósitos para la búsqueda del bienestar personal y familiar (nuevos o consabidos), quiero reflexionar sobre la perspectiva desde la que, con frecuencia, familias y educadores promueven la educación digital de los más jóvenes.
Hoy se habla de cómo las TRIC, Tecnologías para la Relación, la Información y la Comunicación (sí, relación también) han revolucionado nuestra vida, y del gran impacto que suponen en la forma de relacionarnos, de informarnos del mundo que nos rodea y de comunicarnos. Todos estamos de acuerdo en que niños y jóvenes son los usuarios más vulnerables y que el uso que hacen de la tecnología afecta a su día a día, a su convivencia con los demás, a su salud mental y a su bienestar en general. Por eso cada vez es mayor la implicación en la educación digital de los menores tanto desde el ámbito educativo como desde el familiar.
Ahora bien, ¿cuál es la perspectiva desde la que se suele enfocar la adquisición de hábitos digitales saludables?, ¿cómo se aborda la importancia de hacer un uso sano, seguro y responsable de la tecnología? Según mi experiencia, habitualmente desde los peligros y riesgos. De todas las formaciones que llevo a cabo con familias y alumnado, la más demandada cada año es la titulada “Riesgos en Internet”. En estos encuentros trato de presentar los riesgos desde un enfoque pedagógico, basado en la prevención de conductas digitales inadecuadas y desde el convencimiento de que la tecnología es maravillosa. Pero, al fin y al cabo, hablamos fundamentalmente de los peligros a los que están expuestos los menores en Internet, que son tantos y a veces tan sorprendentes que frecuentemente creo que los asistentes se sienten superados. No digo que no sea necesario conocerlos, de hecho creo que son la base necesaria para poder tomar medidas de prevención y de intervención, pero no nos podemos quedar sólo en lo negativo porque de ser así no lograremos los avances que pretendemos en nuestros hijos. Sí, constantemente recibimos información acerca de los riesgos (ciberbullying, sexting, grooming, estafas, adicciones…) y de las consecuencias que se pueden derivar (físicas, psicológicas e incluso neurológicas) de un mal uso de los dispositivos. Entiendo que puede llegar a ser abrumador para padres y madres, sobre todo para los más desconectados y para quienes no son usuarios de aplicaciones, de redes sociales, dispositivos... pero quiero incidir en la necesidad de que nos impliquemos, y que lo hagamos con una visión optimista. Porque si nos centramos únicamente en los peligros podríamos acabar educando desde el miedo (prohibiendo y buscando imponer nuestra autoridad), y es bien sabido que este planteamiento solo conduce a generar dependencia e inseguridades en el menor, y que tal vez más adelante, en su adolescencia, sienta la necesidad de revelarse contra esa autoridad. No es buena idea.
Tampoco se conseguirá el clima de confianza necesario para que puedan expresar y compartir sus pensamientos y vivencias. Si demonizamos las redes sociales, a los influencers que siguen, cada baile, cada challenge… nos quedaremos fuera de su círculo de confianza y no compartirán lo que les pase en su vida, ni lo bueno (no participaremos de sus intereses e ilusiones) ni de lo malo (no seremos a los que recurran si tienen un problema).
Me gusta establecer analogías entre las formas en las que participamos en otros ámbitos de la educación de nuestros hijos, en las que tenemos más tablas, y en el aspecto digital. Cuando queremos que aprendan a nadar lo habitual es que lo abordemos impulsando su gusto por el agua, desde el juego, con clases para aprender la mecánica, estando vigilantes en sus inicios, estableciendo normas en el baño… Puede que nos mueva, de forma consciente o inconsciente, el temor a que se puedan ahogar, pero nos implicamos en su aprendizaje desde una perspectiva positiva, valorando los pros, estimulando su valentía y perseverancia, y apreciando sus esfuerzos y avances. Y así lo hacemos con muchísimos otros aprendizajes que consideramos imprescindibles. 
Por otra parte, es normal, además de nuestra obligación como progenitores, intentar proteger a nuestros hijos e hijas de cualquier peligro, incluidos los propios del ámbito digital. Pero, ¿por qué no adoptar estas mismas maneras cuando se trata del aprendizaje del uso de móviles y demás tecnología?, ¿por qué no mirar más allá de los riesgos y apoyarnos en las oportunidades que les ofrecen? Por supuesto con límites y normas, pero también con cariño, empatía, respeto y tolerancia. Fomentando su autoconocimiento, su perseverancia, el control de sus impulsos, el pensamiento crítico… Soy fan declarada del trabajo en inteligencia emocional porque repercute en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana, y en el ámbito virtual también. Si padres, madres y educadores fuéramos capaces de usarla y fomentarla en nuestros hijos para que la puedan aplicar en su vida virtual, estoy segura de que obtendríamos tan buenos resultados como en “aprender a nadar”, más allá de los riesgos.
Sonia Ledesma. Especialista en Educación Digital
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