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"Un año de presidencia involucionista en Irán"

"Con Raisi en la presidencia, Irán ha vuelto a encabezar el ranking mundial de ejecuciones, igualando ya las de este año a todas las de 2021"

Avatar del Manuel MartorellManuel Martorell01/09/2022
Este mes de agosto se ha cumplido el primer año de Ebrahim Raisi en la presidencia de Irán, tiempo suficiente para comprobar que su designación por los sectores más radicales del régimen tenía como objetivo dar un giro involucionista a la política de este país, cerrando así las fisuras abiertas en el sistema político-religioso instaurado por el ayatolá Jomeini en 1979. No es la primera vez que Jamenei -sucesor de Jomeini- y los Pasdaranes (Guardianes de la Revolución) provocan tal involución manipulando unas elecciones en las que ellos son quienes deciden quién puede presentarse candidato. Ya ocurrió, incluso de forma más descarada, con Ahmadineyad el año 2009. La diferencia ahora estriba en que Raisi, en este primer año de presidencia, se ha encontrado con una coyuntura internacional que, debido a la crisis de Ucrania, ha debilitado considerablemente a los tradicionales “enemigos” de la República Islámica, principalmente Estados Unidos y la Unión Europea, dándole, además, la oportunidad de integrarse en el nuevo bloque emergente formado por Rusia y China.
No sorprende, por lo tanto, que con esta posición de fuerza se estén intensificando los ataques, incluso utilizando misiles y drones, contra bases e “intereses” norteamericanos, como acaba de ocurrir a mediados de agosto y con especial gravedad en el noreste de Siria, desencadenando una escalada bélica sin precedentes entre tropas estadounidenses y milicias pro-iraníes. Tampoco los importantes cambios en la política exterior, acordes con las agresivas posiciones de los Pasdaranes. Así se han establecido acuerdos con Rusia y Venezuela para desarrollar la industria bélica, en especial para fabricar drones militares, e incluso participando en maniobras conjuntas con tropas rusas y chinas en este país caribeño, ribera meridional del mar que también baña las costas norteamericanas.
También por este motivo, el Gobierno de Raisi no ha dejado de poner trabas a las ofertas europeas de reactivar el acuerdo nuclear de 2015 del que Trump retiraría a EEUU unilateralmente tres años después, provocando así la ruptura de Irán con el resto de los firmantes. No le ha importado a Raisi que, debido a las sanciones internacionales desencadenadas de nuevo por esta ruptura, Irán se haya precipitado por una crisis social sin precedentes, con una oleada de protestas populares contra la subida de los precios, la retirada de los subsidios a los productos básicos, el impago de salarios, la reducción de las pensiones o la escasez en el suministro de agua. En mayo, al menos una decena de manifestantes murieron por disparos de la policía, dejando decenas de heridos en diferentes ciudades y deteniendo a cientos de personas. Un llamamiento a las fuerzas de orden público para que no disparen contra los manifestantes ha supuesto la cárcel para sus principales impulsores, los cineastas Mohamad Rasulof y Jafar Penahi, internacionalmente conocido este último por sus premios obtenidos en Cannes y Berlín. Tampoco es ninguna casualidad que, precisamente bajo la presidencia de Raisi, se haya producido el intento más grave para asesinar a Salman Rushdie en aplicación de la fatua dictada por Jomeini hace tres décadas o que también en EEUU haya sido abortado primero un intento de secuestro y después un atentado contra la conocida opositora iraní Masih Alinejad. Que el Gobierno de Raisi niegue su implicación en estos hechos solo quiere decir que este tipo de acciones en el exterior no dependen de su Administración sino de quienes le designaron como nuevo presidente una vez eliminada cualquier candidatura que le pudiera hacer sombra. Es de público conocimiento que los responsables están, de una u otra forma, vinculados a la cúpula del régimen, a los Pasdaranes o a los numerosos grupos armados que apoyan en Oriente Medio, de forma especial en el Líbano, Siria e Irak.
Con Raisi en la presidencia, además, Irán ha vuelto a encabezar el ranking mundial de ejecuciones, igualando ya las de este año a todas las de 2021 y superando con creces en el cómputo general a China en proporción al número de habitantes. La involución social aún se ha sentido con mayor fuerza en los derechos de la mujer, intensificando considerablemente a través de las patrullas callejeras de vigilancia y de los organismos dedicados a “promover la virtud y prevenir el vicio” la obligatoriedad de cubrirse la cabeza con el hijab. No es de extrañar, por lo tanto, que hayan surgido voces para que no se conceda el visado al nuevo presidente iraní y, así, quien fue uno de los máximos responsables de la Comisión de la Muerte, encargada, bajo las directrices de Jomeini, de asesinar a miles de presos políticos el año 1988 no pueda utilizar esa importante plataforma internacional que es la Asamblea General de la ONU prevista para este mes de septiembre.
Manuel Martorell. Experto en política internacional y Oriente Medio
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