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¿Esclavos del ciclo de deuda?

"Cuando alguien se endeuda está tomando prestado de su propio futuro, que es cuando tendrá que devolver lo recibido"

Avatar del José Ramón GanuzaJosé Ramón Ganuza23/08/2022
El ciclo económico de largo plazo, aquel que dura entre 75 y 85 años, es básicamente un ciclo de deuda y crédito. En una economía de mercado, la expansión y la contracción de la deuda de las familias, empresas y gobiernos, impulsa un periodo económico de expansión y recesión. Para comprender de forma sencilla lo que es un ciclo económico, solo necesitamos saber que cuando alguien se endeuda está tomando prestado de su propio futuro, que es cuando tendrá que devolver lo recibido. Está trasladando bienestar del futuro al presente. Si no es capaz de crear riqueza con ese préstamo, cuando llegue el futuro tendrá que reducir su consumo, lo que disminuirá su nivel de bienestar. Si trasladamos este proceso del nivel micro al plano macroeconómico, nos encontramos con que un exceso de deuda en el presente genera recesión en el futuro, cuando el dinero no se ha destinado a usos productivos y no ha generado crecimiento suficiente.
Ray Dalio, autor de Principios para superar crisis de gran endeudamiento describe de forma magistral las etapas del ciclo de la deuda. La primera, tras haber depurado los descubiertos de la etapa anterior, se caracteriza por un bajo nivel de endeudamiento y una moneda fuerte. Las segunda y tercera etapas son de crecimiento y prosperidad, el dinero está respaldado por un activo finito, generalmente oro o plata. Los bancos aprovechan la bondad del crédito y los particulares, empresas y gobiernos se suman con entusiasmo al incremento del consumo y a la subida del precio de los activos.
Estas etapas dan lugar a excesos en el gasto privado y público, lo que obliga a los bobiernos y bancos centrales a imprimir más dinero que el que permiten sus reservas de oro. Ello conduce a la ruptura de la convertibilidad. Lo hizo Richard Nixon en 1971.
En la quinta etapa, los bancos centrales no tienen ningún impedimento para estirar la creación de dinero y de crédito con el fin de evitar las crisis. El desequilibrio ya no es con la cantidad de oro depositado en sus bóvedas, sino con la cantidad de bienes y servicios que produce la economía. Como dice Dalio “…cuando uno puede fabricar dinero y dárselo a todos para hacerles más felices es difícil resistir la tentación de actuar así”. Esta política permite ganar elecciones, pero genera inflación por el fuerte desequilibrio entre la cantidad de dinero en circulación y la producción de bienes y servicios. La recesión llega, pero para entonces el político que ha abusado de la deuda ya no está en el poder y el marrón se lo come otro.
Este ciclo lleva aparejadas dos circunstancias que se repiten históricamente: un enfrentamiento civil, consecuencia de la polarización política cuando la desigualdad social se hace insufrible por una recesión que golpea el bienestar de las familias. La segunda consecuencia es el enfrentamiento entre la potencia hegemónica y la emergente, que puede dar lugar a guerras. Las guerras son las consecuencias políticas de las depresiones económicas. El fin del ciclo anterior tuvo sus últimas etapas con la prosperidad endeudada de los años 20, con el crack bursátil del año 29 que dio lugar a la crisis económica de los años 30 y las dos guerras mundiales que pusieron fin al ciclo e inauguraron el actual con los Acuerdos de Breton Woods en 1944 y con el fin de la Segunda Guerra en 1945.
No estamos condenados a padecer la tiranía del ciclo, que en el fondo no es más que una serie de hechos concatenados por una lógica que históricamente se han repetido creando patrones. Solo la inacción y la torpeza interesada de los políticos nos convierten en esclavos de la deuda. Así quedamos prisioneros de una maldición de la que no podemos escapar y que determina el destino de los seres humanos incapaces de subvertir lo que parece el orden natural de los acontecimientos. Algo así como el castigo que los dioses impusieron a Sísifo condenado eternamente a subir con esfuerzo una roca hasta la cima de una gran montaña, pera verla despeñarse y tener que repetir una y otra vez un esfuerzo sin recompensa. Las preguntas son: ¿Podemos hacer algo para evitar la tiranía del ciclo? ¿Saben hacerlo nuestros políticos? ¿Podremos evita la trampa de Tucídides? La que se produce cuando el ascenso de una potencia, en su caso Atenas, infundió un temor a Esparta que hizo la guerra inevitable. El politólogo Graham Alison descubrió que de 16 casos en los que esta circunstancia se ha producido a lo largo de la historia, 12 acabaron en guerra.
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José Ramón Ganuza. Periodista.
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