"La pandemia, el asalto al Congreso de Estados Unidos, la invasión de Ucrania y un verano infernal benefician informaciones milenaristas"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 21/08/2022 a las 06:00

"El milenarismo va a llegarrr…!”, profetizó en 2007, pasado de copas, Fernando Arrabal. Tras farfullar la célebre frase, zigzagueó por el plató hasta caer como un teleñeco detrás de un sofá del programa de Sánchez Dragó. Pero no se equivocaba. Uno, que fue niño raro –ahora dirían friki- tenía entre sus lecturas el libro del Apocalipsis, que San Juan escribió en la isla de Patmos, donde crecen, según las malas lenguas, plantas de poder alucinógeno. A mí me encantaba imaginar los monstruos de siete cabezas, las hidras que lanzaban llamaradas de fuego, los ángeles terribles, las trompetas, los sellos… Luego volvía loco a un pobre escolapio al que preguntaba sobre el significado de mis lecturas. Creo que nunca creyó que a los ocho años leyera el Apocalipsis, pues en mi cartilla de notas escribió: “Tiene una imaginación desbordante.” Yo fui un milenarista mucho antes que las sectas de iluminados que esperan subir a una nave espacial salvadora porque sólo ellos están entre los elegidos. Como es sabido, suelen terminar suicidándose tras un venenoso guateque místico. Siendo adolescente leí un libro titulado La gran catástrofe de 1983, ejem. También en 2012 los mayas predijeron el fin del mundo… De un tiempo a esta parte, proliferan las noticias que parecen desear que se cumpla la profecía, no muy autocumplida. La crisis inmobiliaria, la pandemia, el asalto al Congreso de Estados Unidos, la invasión de Ucrania y un verano infernal benefician informaciones milenaristas. No hay semana en que no se anuncie una Dana, una tormenta solar, la llegada de un meteorito o la caída a la Tierra de un satélite coreano. El cierre de los gaseoductos rusos va a poner de moda en otoño aquella frase de Juego Tronos, “Winter is coming”. Para redondear los guiños de la realidad con el cine, llegó la viruela del mono, con reminiscencias de Charlton Heston dándose el lote con una mona vestida de seda en el planeta de los simios. Sinceramente, esto no es serio. Acojona mucho más el libro de San Juan.

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