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Para no haber pisado Pamplona, estos Sanfermines se me han hecho muy cortos

Para no haber pisado Pamplona, estos Sanfermines se me han hecho muy cortos. Quizá, esta impresión de fugacidad se deba a no haber caído en la tentación de “Oye, nos damos una vuelta, dos vinos y a casa”. Es muy vieja la abuelita para engañarse: sí, a casa diez horas después, como si regresaras de la Guerra de los Cien Años. Ese momento de breve lucidez sobre el felpudo de casa, muy de mañana: cuando te palpas los bolsillos para buscar las llaves, y ya de paso te cacheas para comprobar que no te falta nada, no sé: una brazo, una rodilla, un pie… Vale, estás entero. Afuera, la luz te delata, así que te echas a dormir con las gafas de sol puestas para evitar que el jirrío de los vencejos te atraviese el entrecejo. He seguido el encierro en fotografías, como siempre, asombrado por las piruetas que son capaces de ejecutar tres corredores a la vez sobre el mismo toro. De noche y vista de lejos, Pamplona era una bóveda color champán rosado y, aunque cuando entonces lo pasé muy, muy bien, no sentí nostalgia de la fiesta sino, entiéndame si puede, alivio. Algo así como lo que dicen sentir algunos hombres cuando pierden el deseo sexual. “Me he quitado un peso de encima”, afirman resignados. Otros alargan la faena, y hacen bien, que para eso está la farmacopea. Los Sanfermines son la testosterona de Pamplona, y aunque puedes disfrutarlos mucho en pleno declive es innegable que luego nos pasamos el resto del año observándonos como si viviéramos la vida secreta de las plantas, esas caras de musgos, cardos y acelgas que no saludan al vecino. Lo que viene a demostrar que los Sanfermines saltan el tapón de una sociedad un poquito reprimida… Como no he palpado el ambiente, ni soy un experto en tradiciones, tampoco puedo decir si han sido unos Sanfermines buenos, malos o regulares. Sospecho que han sido catárticos, y acaso un poco más domésticos. Aún queda lejos el largo invierno ruso y un gobierno congelado. Yo alargaría la fiesta, aunque fuera imaginaria. Por si acaso.
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