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"Sé fuerte Mónica", debieron decirle

Quienes más lloran en público son los futbolistas y los políticos. El primer llanto que recuerdo es el de Arias Navarro, con aquel “Españoles, Franco ha muerto”, dicho con un pujo de hipo que dio al momento histórico un toque cómico a lo Louis de Funes. Supongo que los futbolistas lloran mucho porque son jóvenes y a veces “los colores del equipo” se confunden con el del dinero, lo que suele derivar en una explosión de falsa emotividad adolescente. Algo así le ha pasado estos días a Mónica Oltra, vicepresidenta del gobierno valenciano e imputada por ocultar los abusos a una menor, cometidos por su exmarido, cuando ella era responsable de la consejería de Igualdad y de la que dependía el bienestar de esa menor. Tiempo atrás, sin esperar a la sentencia, había cerrado un centro concertado a causa de una denuncia por abusos. El denunciado resultó absuelto, pero los menores ya habían sido dispersados. Ahora, imputada por ocultar los abusos de su ex a una menor tutelada por su consejería, se ha aferrado al cargo con persistencia de artrópodo. Días antes de su dimisión le hicieron una fiesta, entre los que se encontraba el alcalde de Valencia, y a la imputada se le desató una euforia psicótica. En Valencia causó sonrojo. A mí me recordó a los volatines que ejecuta Iceta alrededor de su amado líder. ¿Qué toman? Uno sospecha que Oltra perdió el norte y se rodeó de consejeros áulicos. “Sé fuerte, Mónica”, debieron de decirle, y “Yo sí te creo”, aunque la justicia no sea una cuestión de fe, sobre todo si se juzga un caso de abusos sexuales a menores. Mónica Oltra confundió el poder con la dignidad. Perdió ambas. Ahora nadie parece ocuparse de los menores afectados. ¿Viven en centros de acogida?, ¿han recibido la ayuda adecuada? ¿La menor ha sido compensada? Los periodistas no han seguido el rastro, pero sí han recogido las últimas y taurinas palabras de Oltra: “Me voy con la cara bien alta y los dientes muy apretados”. Es la actitud de una folclórica despechada saliendo del escenario. Para llorar, sí.  
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