"La guerra híbrida se compone de tanques, recursos energéticos, moneda, capacidad de influir en las opiniones públicas propias y ajenas y alianzas"

Publicado el 31/05/2022 a las 06:00
Si queremos entender el presente y vislumbrar lo que puede depararnos el futuro tenemos que acudir a nuestro pasado y buscar periodos similares al actual en la Historia de la Humanidad, para establecer patrones y sacar conclusiones del porqué pasan las cosas que nos pasan. Este es el propósito de dos grandes obras: la primera la que dirige Carlo M. Cipolla y otros seis historiadores titulada La Decadencia Económica de los Imperios, publicada en 1973. La segunda acaba de ver la luz en su edición en español, es el trabajo de Ray Dalio titulado Principios para enfrentarse al nuevo Orden Mundial. Por qué triunfan y fracasan los países.
Hoy cada vez son más los que interpretan el conflicto de Ucrania como una derivada del enfrentamiento económico y geopolítico entre China y Estados Unidos. En momentos de crisis económica como la que se avecina, consecuencia de la acumulación de deuda, se hacen patentes los conflictos entre potencias que se disputan la hegemonía global.
Dalio ha estudiado los ciclos económicos de la deuda, el crédito y el desarrollo económico a lo largo de los últimos 500 años. Señala que nos encontramos iniciando la parte descendente del ciclo. Una crisis que dará paso a un nuevo orden mundial en el que cada bloque tratará de posicionarse para garantizar a sus habitantes un futuro de prosperidad. Si algo deja patente la guerra de Ucrania es que la misma se decide en el campo de batalla, pero sobre todo a través de las fortalezas y debilidades económicas de los contendientes, Europa y Rusia. La guerra híbrida se compone de tanques, recursos energéticos, moneda, capacidad de influir en las opiniones públicas propias y ajenas y alianzas.
Teniendo en cuenta esto, haríamos bien en analizar cuáles son las fortalezas y debilidades de Europa en este panorama y, como decía al principio, conocer qué factores se repiten de forma arquetípica a lo largo de la historia en las grandes crisis de las potencias.
Carlo Cipolla tras analizar la caída del Imperio Romano, la decadencia del Bizantino y de los Imperios Español, Italiano, Otomano y Holandés, señala que todas presentan importantes analogías, lo que le permite elaborar una teoría general de la decadencia económica.
A grandes rasgos el ciclo se desarrolla siempre de la misma forma: un periodo de expansión económica basada en la entrada de grandes recursos del exterior que se traduce en una mejora del nivel de vida de la población, en el desarrollo de la educación, la industria, el comercio y un impulso tecnológico que mejora la productividad. Cuando estos factores llegan a su nivel de máximo de desarrollo se reduce la generación de riqueza, lo que ocasiona que los gobiernos intenten mantener el nivel de vida de sus ciudadanos aumentando el endeudamiento, ello ocasiona un incremento de la desigualdad, conflictos sociales e inflación. La disminución de la capacidad de compra del dinero tiene un ejemplo paradigmático. Roma recurrió a bajar la ley del denario de plata. Llegó un momento en que solamente el 5% del peso de un denario era plata. Ello permitía emitir muchas más monedas lo que a la postre se tradujo en inflación. ¿Les suena la rima? En este periodo el aparato del Estado se había incrementado considerablemente y no podía sostenerse más que con la deuda y la subida de impuestos. “Uno de los rasgos comunes más notables de los imperios en su última etapa, dice Cipolla, es la cuantía creciente de riqueza que los Estados detraen de la economía”.
Otro rasgo que Cipolla asocia al ciclo de expansión, cima y declive es lo que podría denominarse el “síndrome de las terceras generaciones”. El periodo de crecimiento se asocia así a la generación que crea la riqueza, el de cima a la segunda generación que la conserva y la tercera lo dilapida. “Subsiste el hecho objetivo de que las terceras generaciones parecen carecer de la fuerza característica que poseen quienes construyen”. Simultáneamente los países tratan de hacer frente a su pérdida de riqueza protegiendo sus economías de la competencia exterior, lo que da lugar a conflictos internacionales. El final del ciclo, su fase de declive se caracteriza por las luchas y conflictos que terminan por configurar un nuevo orden interno y externo que engendra otro nuevo ciclo de prosperidad.
Para enfrentar este nuevo ciclo, no sería malo conocer las razones que han impulsado históricamente el auge de los países y de los imperios. Ray Dalio señala varias: niveles relativamente bajos de endeudamiento, brechas relativamente pequeñas en materia de riqueza, desarrollo de la educación y consecuentemente de los niveles de innovación tecnológica y de la productividad, líderes capaces y orden mundial pacífico. “La historia, señala Cipolla, no ofrece ningún ejemplo de imperios indestructibles y, sin embargo, la mayoría de los pueblos están convencidos de que lo sucedido a los imperios anteriores no puede suceder al suyo”. Tomemos nota.
José Ramón Ganuza Periodista