El rincón

El PAI como síntoma

María Chivite y Uxue Barkos hablan en una comisión parlamentaria de inicios de la actual legislatura
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María Chivite y Uxue Barkos hablan en una comisión parlamentaria de inicios de la actual legislatura
María Chivite y Uxue Barkos hablan en una comisión parlamentaria de inicios de la actual legislatura

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 01/05/2022 a las 06:00

La de esta semana ha sido sobre el PAI, el Programa de Aprendizaje en Inglés. La de la semana que viene, todavía no sabemos sobre qué versará, pero es casi seguro que existirá. Hablamos de la bronca interna en el Gobierno de Navarra entre el PSN y Geroa Bai. Cada vez más transparente y hasta gestual en el pequeño mundo de la política navarra. Y parece que va a ser así ya hasta el final de la Legislatura.

Con la mirada en las elecciones. La gresca a la que estamos asistiendo está muy ligada al calendario. La Legislatura está en su recta final y dentro de un año, en mayo, habrá nuevas elecciones forales. Y las fuerzas políticas miran ya la vida sólo con el espejo electoral en el retrovisor.

En el PAI, los nacionalistas (Geroa y Bildu) se escudan en las dudas jurídicas para echar atrás la idea de estabilizar por ley y mediante la creación de un modelo propio a 350 docentes del modelo, que es el más demandado por las familias en Navarra. Las dudas jurídicas que existen (y los sindicatos las comparten) deben resolverse, sin duda, porque un cambio de este calado no se puede hacer sin seguridad.

Pero, en realidad, los nacionalistas de lo que recelan desde el minuto uno es del propio PAI, porque consideran que el inglés le roba terreno al euskera. Ese es el fondo del debate. El PSN se ha negado a ceder sobre su pretensión de normalizar la plantilla del PAI y no le ha quedado otra que volver la mirada hacia Navarra Suma para sacar adelante el plan. El centro-derecha ha puesto sus condiciones (ir más allá y crear un modelo) y ambos partidos van a sumar la mayoría que permita dar estabilidad laboral a los profesores del PAI, de los que un 70% son interinos.

Las razones. Está claro que el PAI no va ser la última bronca. ¿Las razones? Geroa Bai considera que el PSN se ha decidido ahora a ir por libre y actúa como si presidiera un ejecutivo monocolor. Y, cunde en sus filas la desconfianza profunda en su socio porque se vieron sacudidos por el acuerdo PSOE-UPN para la reforma laboral urdido a sus espaldas y que se quedó luego en agua de borrajas por la rebelión de los dos diputados de UPN.

El PSN, por contra, tiene claro que Geroa Bai lo que ha visto es que sus expectativas electorales caen y busca arreglarlo sacudiéndole estopa a su socio de Gobierno para marcar terreno. Y están muy enfadados por ello. De hecho, dentro del campo nacionalista, lo que obsesiona a Geroa es un sorpasso electoral por parte de Bildu, lo que dejaría muy tocado su papel en la repetición de un futuro Ejecutivo como el actual. Todos estos nervios son cada vez más evidentes.

Resquicios entre los bloques. Esta gresca dentro del Gobierno es sólo un síntoma de que lo que ahora se lleva en el Palacio de Navarra es un “búscate la vida como puedas” y cada uno se las apaña para sacar adelante sus propuestas.

El PSN ha pasado al contraataque interno. Y si no encuentra en sus socios su apoyo para temas que considera estratégicos mira sin rubor hacia Navarra Suma. Cosa que hasta ahora no había hecho, pero que ha probado ya con el Convenio Económico, otro tema capital. Pero es que Geroa Bai, de alguna manera, también ha roto esta línea roja y puede negociar ahora directamente con Navarra Suma contra la voluntad del PSN (ahí está el tema de los profesores de religión). Son todo señales de que los bloques rígidos que han marcado la Legislatura muestran resquicios. Pero no quiere decir que se hayan roto.

Sin mirar atrás. Porque tampoco hay que confundirse. ¿Todo esto señala que el PSN esté arrepentido de haber optado por Geroa y Bildu para gobernar? En absoluto. El PSN, en la línea del puro sanchismo, no se lamenta para nada porque ese pacto le ha dado el poder, que es de lo que se trataba. Aunque lo haya hecho arrinconando a la fuerza más votada (Navarra Suma) y echándose en brazos de Bildu.

Igual que en Madrid, vamos, donde esta misma semana ha sido Bildu el que le ha sacado al PSOE las castañas del fuego con las medidas anti-crisis en pleno incendio con su otro socio independentista, ERC, por el presunto espionaje telefónico del CNI a los secesionistas. Favores que en política siempre tienen un precio y que ya empiezan a cobrarse con la impresentable cesión de Batet para dar entrada a Bildu y ERC en la comisión de secretos oficiales.

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