"¡Qué poco vale la vida!"

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Emilio Garrido

Publicado el 24/04/2022 a las 06:00

Muchas familias se han quemado vivas en sus casas”(DN.:23-IV-22) “Rusia entierra miles de cadáveres en una fosa en Mariúpol”(id.) y “Últimos vecinos de Mariúpol…, relatan la brutalidad de los invasores y hablan de calles “llenas de cadáveres” (id.) Uno lee estas u otras noticias y desde lo más profundo del alma te sale ese suspiro-sentimiento-emoción de ¡qué poco valor tiene la vida para unos y para muchos en muchos lugares de la Tierra! Siendo el único bien generoso que recibimos al nacer, que llevamos entre manos y en vasijas de barro, quizás cosqueada, sin asas muchas veces; pero, así y todo, sigue siendo el gran regalo que nos ofrece la propia vida o el artífice de la vida. ¡Son emociones tan profundas, y al mismo tiempo tan a flor de piel, que hasta respirar te cuesta! Pero la vida sigue en unos lugares y en otros, en unas circunstancias y en otras, pero es cierto que la vida, depende de la geografía donde estés, vale mucho, poco o nada… Qué paradojas debe uno asumir e interiorizar para no sucumbir en el intento de vivir.

He releído por segunda vez un libro cuyo título, Morir joven a los 140 años, me ha vuelto a zarandear, no por el número de años, que es en cierta medida anecdótico, sino por la ciencia de una mujer investigadora del CNIO, María A. Blasco, donde nos alarga la vida científicamente hablando, gracias al papel de los telómeros en el envejecimiento y…cómo trabajan los científicos para conseguir que vivamos más y mejor. Acabo de releerlo y se me agolpan tantas emociones encontradas, que aún sabiendo cómo manejar mi termostato emocional manual, para dirigirlo a mi favor, me cuesta muchas veces navegar entre emociones encontradas, entre paradojas que no parecen humanas y entre un barbecho de yerbas tóxicas que no te dejan avanzar conforme uno ha aprendido, que cada pensamiento constituye una vibración energética muy baja o muy alta, que también llaman los expertos “de una frecuencia superior”, haciéndonos pasar de una fortaleza a una debilidad emocional y viceversa.

En este caso viendo, oyendo, analizando fotos, noticias y los macabros telediarios, se me agolpan vibraciones energéticas de muy alta tensión, que se me hacen difícil de manipular mi termostato emocional en manual, no en automático como habitualmente lo tenemos, y más ahora con estos casi dos meses de guerra.

Por eso, leer por segunda vez este libro, me ocasiona gran estupor y al mismo tiempo entiendo y hago un esfuerzo por agarrarme a esa vida que llevamos entre manos y que no es nuestra. Por eso la debemos administrar para que dure, para que sea vida de verdad, para reír y llorar, para amar y para sufrir. Para que las emociones encontradas, negativas, aberrantes, inhumanas, de odio y de ira de los humanos, las podamos digerir e integrar de la mejor manera posible y que el daño sea el menor y podamos seguir viviendo, a pesar de lo que vemos, de lo que oímos y de la crisis que nos aprisiona entre billones de deuda, billones de desigualdades y más billones de incultura e inmadurez. Que a nadie parece importarle que esta vida se derrumbe entre escombros de egoísmo, de pobreza y de un orden mundial, que yo solo percibo un mayor desorden mundial, donde la vida parece que ya no vale, que “ya no cotiza en bolsa” y para qué vivir ciento veinte años, si la vida ya no parece vida. O por lo menos está tan deteriorada que el número de muertos diarios nos dejan sin aliento, pero lo olvidamos pronto para poder seguir viviendo. “Las nanotecnologías también podrían tener un papel en posponer la senescencia y que la gente hoy viva más, pero más sana…” ¡No nos queda otra mientras haya vida! Por eso debemos agarrarnos a ella como talismán, estar sano hasta que me llegue la muerte. Pero entretanto, intentar vivir con emoción, para que tu proyecto de vida sea realmente vivir viviendo, no vivir muriendo cada segundo que vives; porque sin esa emoción de vivir no hay vida, por muchos bombardeos a los que nos estamos acostumbrando arruinando sin darnos cuenta la vida, nuestra vida: ¡Realmente vale la pena vivir!

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