"Ya no basta con limpiar, fijar y dar esplendor"

Actualizado el 17/04/2022 a las 16:59
En su pleno del 7 de abril, la RAE eligió a Asunción Gómez-Pérez para ocupar la silla q de la institución. La nueva académica es catedrática de Inteligencia Artificial y está especializada en Tecnología de la Información y Comunicación, lo que la sitúa lejos de los modelos tradicionales de académicos con formación filológica o escritores de prestigio. Se podría decir que su ingreso en la Docta Casa supone un salto del siglo XIX al XXI, acorde con los desafíos a los que hoy se enfrenta la lengua. Ya no basta con “limpiar, fijar y dar esplendor”. Ahora se hace necesario adecuar el idioma a un universo comunicativo que evoluciona a velocidades de vértigo desde la llegada de la inteligencia artificial. Piensen el GPT-3, ese nuevo modelo de lenguaje para generar textos que creíamos reservados a las competencias humanas. Por un módico precio uno puede pedir a su ordenador un trabajo escolar para la clase de Filosofía, el discurso de inauguración de un pantano, un currículum vitae convincente o un poema al estilo de Whitman. La máquina es capaz de elaborar con la misma soltura el prospecto de un fármaco, un guión de teleserie, una novela negra o una columna de opinión sin que el lector se percate del artificio. Ya existen incluso programas con los que producir argumentos y contraargumentos en una discusión sobre cualquier tema. Es cierto que a menudo los textos montados de esta manera contienen datos erróneos y presentan un lenguaje estandarizado tan correcto como desprovisto de aliento. Pero son pequeñas limitaciones que la inteligencia artificial no tardará en superar, a poco que multiplique los parámetros que maneja en el presente. Decididamente, el lenguaje ya no nos pertenece. Lo que algunos consideran el último reducto de lo humano ha pasado a ser el campo de experimentación de una tecnología arrolladora que coloniza a pasos agigantados toda nuestra existencia. Son procesos irreversibles en los que las instituciones culturales deben intervenir si aspiran a seguir velando por la riqueza del idioma. Si a la lengua se la ha protegido como un tesoro recibido del pasado, toca ahora fortalecerla como herramienta del futuro, cosa que parece haber entendido bien la RAE.