Opinión

Instrucciones para abrir un contenedor de orgánica. ¡No se la juegue!

Imagínese delante del contenedor. Con una bolsa de orgánica, otra de resto y la tapa que se abre sobre usted a cien por hora convertida en una guillotina afilada que amenaza con mocharle la nariz

Un hombre deposita la bolsa en el contenedor de materia orgánica después de pisar el pedal, último paso.
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Un hombre deposita la bolsa en el contenedor de materia orgánica después de pisar el pedal, último paso.
Un hombre deposita la bolsa en el contenedor de materia orgánica después de pisar el pedal, último paso.

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Jose Murugarren

Publicado el 09/04/2022 a las 20:00

Primero pulse el botón. Acerque la tarjeta y finalmente pise el pedal. Si su objetivo es abrir el nuevo contenedor de orgánica sin sobresaltos no modifique el proceso. Se la juega. No está recomendado apretar el pedal sin cubrir las otras dos fases. Como no lo está enfrentarse al Tourmalet sin rodar antes unas cuantas etapas llanas. Este minucioso orden de prioridades no es una recomendación de la Mancomunidad de la comarca. Ni una exageración. Es experiencia. Le habla alguien que con prisa, bolsa de orgánica y resto en la mano derecha y una de vidrio en la izquierda trató de ahorrar etapas para meter velocidad a la apertura sin tomar en cuenta unas cuantas precauciones. Lo dicho. No priorice el pedal. La tapa del contenedor sale como disparada por un resorte, como si dentro empujara alguien que le quiere mal y la lanzara a tanta velocidad que pone en riesgo la integridad de su nariz . En el impacto se arriesga a que los residuos se desparramen al aire. Lo he visto esta semana. Una lluvia naranja y verde de zanahoria y brócoli y blancoamarillenta al final por las raspas de un pescado. ¿La víctima? Una mujer con turboinyección en los nervios que utilizó el contenedor y vivió en el abrigo y el pelo un temporal de verdura y peces. A una mijita estuvo de mocharse la nariz.

Experiencia similar tuve yo en el estreno. Pero aprendí. Botón, tarjeta y pedal. Por ese orden. Si sigue el protocolo la tapa se abrirá con esa suave progresividad con la que fue diseñada. En la oposición política a estos contenedores que identifican al usuario se sitúan quienes temen que Mancomunidad sea un gran hermano que apunta en una lista cuántas veces utiliza la tarjeta con ojo inquisidor. Frente al contenedor, puedo asegurarlo, el miedo es a quedarse chato por mutilación. Siga los pasos indicados. No hacerlo, ya le digo, sería como colocar la etapa reina de montaña en la primera jornada sin tiempo a que las piernas se curtan. Habría ciclistas que sufrirían una pájara. Pues eso. Tratar el contenedor por otro procedimiento que no sea el fijado es tentar a la pájara de Mancomunidad.

 Imagínese delante del armatoste. Con una bolsa de orgánica ,otra de resto y una guillotina a punto de segarle la nariz. ¡La cara de bobo que se le queda a uno cuando el resorte desparrama la intimidad de sus residuos y la piel del chorizo de las lentejas te cae a la chaqueta! Meter la basura exige un protocolo que empieza con una bolsa vacía. Usted la mira. La ve crecer. Las mondas de la fruta, un currusco de pan duro, el fiambre que caducó antes de que pudiera ser consumido... El acopio progresivo de lo que podríamos llamar la realidad descartada. En el momento en que cierra y anuda la bolsa de alguna manera zanja un episodio que termina en el contenedor. Procure que la sesión acabe bien. Que no le sobresalte. El último acto de este gesto cotidiano sería abrir el contenedor y depositar los desperdicios. Sin sustos.

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