Diálogo de besugos

Publicado el 07/03/2022 a las 06:00
Estamos más que convencidos de que el lenguaje desarrolla al máximo la capacidad cognitiva de nuestro cerebro, alejándonos sobremanera de nuestros antepasados animales. Sin la aparición del lenguaje, nuestro progreso hubiese seguido estancado como así ha sido el de otras muchas especies. El proceso de la comunicación nos permite intercambiar ideas, posibilidades, agrupaciones, soluciones, que dan lugar a un complejo sistema social humano. Toda estructura social depende del lenguaje. Sin él la vida carecería por completo de sentido humano.
Estamos tan acostumbrados al lenguaje que llegamos a pensar con palabras. Incluso cuando caminamos por nuestras calles hablamos solos. Hemos aprendido un lenguaje con el que nos expresamos y pensamos de tal forma que otra lengua aprendida traduce constantemente nuestro pensamiento con el esquema “nuestro materno”. Sin embargo, hemos evolucionado tanto que somos capaces de utilizar el lenguaje sin decir nada, decir mucho con poco lenguaje, utilizar equívocos que hieren, falsear la realidad y utilizarlo para mentir. De todo este complejo sistema nacen estructuras políticas, comportamientos religiosos, económicos y patológicos.
Seguimos en la prehistoria una vez más y nos damos perfecta cuenta de que no puede existir el diálogo entre un demócrata y un dictador, porque para que el lenguaje produzca un beneficio terapéutico, ha de haber dos elementos principales en el diálogo, las leyes del lenguaje de la comunicación consisten básicamente en la transmisión de un mensaje de un emisor a un receptor.
Por lo tanto, los principales elementos que intervienen en el proceso de comunicación son: emisor, receptor, mensaje, canal y contexto. En la reunión en Bielorrusia no se han cumplido ninguna de las leyes que sustentan una buena comunicación. Todo palabras vacías de contenido, preñadas de mentiras y putrefactas de megalomanía. No ha existido el diálogo, sólo un emisor, ningún receptor.
Nunca hemos estado tan desarrollados y, tan incomunicados a la vez. Seguimos comunicándonos a base de golpes, bombas, metales, acorazados y desconexiones intrapersonales. ¿Dónde está el diálogo? No puede haberlo si no hay emisor y receptor. De otra manera se establece un monólogo, que se distorsiona de tal manera que cada uno habla y percibe lo que quiere y al final el resultado es aquella historieta que todos conocemos del eclipse de sol, donde el coronel transmite un mensaje al oficial de guardia y éste a su vez al oficial siguiente, hasta que acaba el sargento diciendo tal barbaridad, que nos da ejemplo de cómo distorsionamos el mensaje.
En el fondo, cuesta aceptar la impotencia de la conducta humana -por mucho que hayamos evolucionado- a la hora de expresarnos y llegar a acuerdos o simplemente lo difícil que resulta decir sí, si lo que quiero decir es no. En este caso, que nos ocupa, un tupido velo de sangre de gente inocente correrá sin que nadie lo remedie, para tapar nuestra incompetencia e insolidaridad a nivel internacional, justificando así el egoísmo patológico de un dirigente sin escrúpulos, con una autoestima tan alta que le lleva a sesgar, alterar y filtrar la realidad: trastorno de la personalidad.