"La narración reposada y atenta ha sido sustituida por el destello instantáneo"

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Jose María Romera

Actualizado el 27/02/2022 a las 12:41

Cuando el fútbol desaparezca sustituido por otras armas de distracción masiva igual de letales pero más modernas, quedarán de él unos pocos personajes de leyenda, las ruinas de algunos estadios convertidos en templos para los turistas y un buen puñado de términos incorporados a la lengua común. Su última aportación ha sido “minuto y resultado”, el binomio con el que cada domingo los jefes de gallinero radiofónico invitan a sus polluelos locales a dar la información escueta de cada partido. Dos a cero en Mestalla en el minuto doce. Empate sin goles al descanso en Balaídos. Final en Anoeta: la Real uno, Osasuna tres. Y así se van sucediendo las noticias en un carrusel vertiginoso que se ha convertido en modelo de ciertas formas de comunicación muy apreciadas. Hoy las audiencias demandan un acontecimiento tras otro, tanto en los espacios de política como en los de crónica rosa, finanzas, cultura o meteorología. Que pasen cosas, que la rueda no pare, que siga la fiesta. Hoy ningún suceso, por estrepitoso que sea, merece atención por más de unos pocos segundos, trascurridos los cuales se desinfla y es sustituido por otro que a su vez caduca al instante sin dar tiempo a la reflexión. Minuto y resultado, eso es todo. La narración reposada y atenta ha sido sustituida por el destello instantáneo que dispersa la atención en mil direcciones, de tal manera que la realidad se nos muestra como una cadena de espasmos tan intensos como superficiales. La otra tarde las cámaras y los micrófonos se agitaban en un vaivén incontrolado de la calle Génova a Kiev y viceversa en busca de carnaza con la que aplacar el hambre de noticias del espectador. Pero todo permanecía en calma, lo que producía una agobiante sensación de vacío que era preciso cubrir con cualquier cosa que se pareciese remotamente a una noticia. Habría sido un buen momento para pararse a pensar, antes de que los hechos se precipitaran y nos nublasen la mirada. Pero la mirada común ya es irremisiblemente futbolera: no observa ni analiza; solo se estremece. “Huyó lo que era firme y solamente / lo fugitivo permanece y dura”, escribió Quevedo. Hoy habría escrito: “Minuto y resultado”.

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