"Fernando Marías ha muerto antes de tiempo, dejando una agenda repleta de planes y de citas"

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Jose María Romera

Actualizado el 13/02/2022 a las 11:20

F ERNANDO Marías ha muerto antes de tiempo, con 63 años, dejando una agenda repleta de planes y de citas y un mar de afectos entre quienes tuvimos el privilegio de conocerlo. Uno siempre ha sostenido que las necrológicas de escritores deberían ceñirse a sus obras. Pero en el caso de Fernando la semblanza quedaría incompleta si omitiera la dimensión humana de un creador que fue sobre todo un tipo excepcional. Entre La luz prodigiosa (1991) y el sobrecogedor Arde este libro (2021) discurre una trayectoria de aciertos novelísticos de primer orden que le habían hecho acreedor de premios como el Nadal (por El niño de los coroneles, en 2001), el Biblioteca Breve (por La Isla del padre, en 2015) o el Nacional de Literatura Infantil y Juvenil (por Cielo abajo, en 2006). Son infinidad los lectores que además de asomarse a sus libros pudieron tenerlo delante, porque Fernando fue un infatigable practicante de lecturas y presentaciones públicas que buscaba la comunicación personal. Abierto, inquieto, entusiasta, parecía tocado de una especie de fiebre promotora que desafiaba los límites porque no concebía la literatura al margen de la vida. Tan pronto ideaba singulares operaciones de mercadotecnia literaria como enredaba a amigos poetas, músicos y cineastas en alguno de sus proyectos interdisciplinares como el de Hijos de Mary Shelley. La calidad de Fernando Marías crecía en las distancias cortas: era un conversador elegante y divertido, curioso y culto, y tenía la sonrisa envolvente de las personas que se interesan de verdad por los demás cuando les hablan. Tenía un concepto fraternal de las Letras: disfrutaba recomendando libros ajenos y ayudando a los escritores jóvenes a abrirse camino. Esa misma generosidad lo trajo todos los otoños hasta Villava, donde durante muchos años compartimos junto con Rosa, Felipe y José Vicente el jurado de un premio de narrativa. El pasado noviembre hablamos de Arde este libro, que acababa de ver la luz. Me había pedido que le mandara unas impresiones de la novela, cosa que me disponía a hacer cuando llegó la peor de las noticias. Nadie podía pensar que en lugar de esas líneas habría de enviarle, allá donde esté, estas otras teñidas de amarga tristeza.

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