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"Ahora oyes autocuidado y tu cerebro lo traduce en teléfonos que nadie descuelga"

Avatar del Jose María RomeraJose María Romera02/01/2022
Todo parece indicar que al año de las vacunas le va a suceder el de los autocuidados. Ese es el mensaje que mandan las derrotadas autoridades en un intento algo desesperado por sacudirse la responsabilidad del tsunami: cuídense y pongan una vela a su santo predilecto. Durante algún tiempo el prefijo auto- tuvo su glamur. Venía a exaltar la libertad personal y eso que ahora se llama el empoderamiento del individuo. Pero no tardamos en descubrir que a menudo había trampa detrás de palabras como autogestión, autoayuda, autonomía o autoprotección. Unos la llamarán neoliberalismo, otros cultura del sálvese quien pueda. Los sistemas sanitarios empiezan a experimentar la misma evolución que los bancarios, que de atender solícitamente al cliente pasaron a mandarlo al cajero automático haciéndole creer que así le prestaban mejor servicio, lo que les permitió clausurar sucursales, restringir horarios y cobrar nuevas comisiones. Ahora oyes autocuidado y tu cerebro lo traduce en teléfonos que nadie descuelga, listas de espera infinitas, consultas aplazadas sine die, personal sanitario al borde del síncope, dolencias crónicas desatendidas, y como respuesta a todo eso la vuelta a la medicina privada, o a los remedios caseros en su caso. O te bajas unas apps en el móvil. O recurres al brujo del barrio, si eso. El sistema nos ha dicho “cuídate” como se lo dicen los amantes en su despedida tras la ruptura, con una falsa benevolencia que deja caer al otro que en lo sucesivo no cuente con él, que se las vaya apañando, que adiós muy buenas y si te he visto no me acuerdo. La llamada al autocuidado lleva el signo de la derrota y la amenaza de un abandono que pagarán con su salud los que hayan tenido la mala suerte de enfermar en medio del caos, sobre todo si son viejos o carecen de recursos. La pandemia no solo ha traído contagios. Ha ido levantando muros invisibles que dejan sin protección a los más débiles, a esos a quienes ahora el sistema sugiere que se apliquen terapias de autocuidado porque ha desistido de atenderlos. Que el nuevo año los pille confesados. Y recuerden que al fin y al cabo Dios aprieta, pero no suelta.
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