"El cansancio se traduce en un incremento de las listas en servicios de atención primaria y salud mental"

Publicado el 25/12/2021 a las 06:00
Las luces en las calles, los árboles adornados y los belenes en las casas. El tiempo frío y las noches que se adelantan y se empeñan en ponerse a media tarde. Ya estamos en Navidad, y las personas que celebran mucho más que unas fiestas, se preparan para la acogida. Otras lo hacen con ocasión para el descanso y los encuentros. Las fechas de navidades tradicionalmente nos han traído a muchas personas diferentes emociones. Recuerdos de cuando éramos niños, con la fortuna de tener a los abuelos y a los padres sentados a una mesa. Ni por asomo podíamos contemplar entonces, ni remotamente, la idea de que algún día, en un futuro, quedarían huecos insustituibles alrededor de una mesa, huecos que lo ocuparían todo. Recuerdos de personas que ya no están pero que llaman a la puerta de las lágrimas en Nochebuena, personas a las que aun cuando el tiempo les ha otorgado ya un lugar en la memoria, de alguna manera vuelven a nuestras familias y a nuestros manteles.
Además, un año más, y ya es el segundo, estas fechas vienen marcadas por la incertidumbre y el futuro incierto. Incertidumbre ante una situación sanitaria que se resiste a ver el fin, con las cifras de contagios que se envalentonan cada día y que sugieren llamemos a la prudencia a la hora de planificar reuniones y celebraciones. Situación sanitaria que además sigue implacable alimentando estadísticas de fallecimientos, que, aunque menores, no nos pueden hacer olvidar que las estadísticas se alimentan de cifras y que, tras las cifras, están las personas. Situación sanitaria que para mucha gente ha supuesto la pérdida de su trabajo o la angustia por la posibilidad de perderlo. Esperemos que quienes libremente han asumido la responsabilidad de gestionar las políticas económicas, sanitarias, sociales y de empleo, estén a la altura de esta situación y no se pierdan en debates estériles que a lo único que llevan es a perder el tiempo y la ocasión.
También ya nos va pillando cansados. Cuando parece que sí, que esto se va acabando, pues no, que no se acaba. Es una montaña rusa que combina deseo y realidad. Deseo que todo esto se pase ya, y la realidad de que mientras este virus tenga la oportunidad de tener vía libre en muchos países de este mundo, seguirá mutando a sus anchas y nos faltarán letras en el abecedario griego para llamar a las siguientes variantes que vengan. ¿De verdad es tan descabellado pensar en una estrategia global? ¿Acaso este tema no es lo suficientemente importante para el conjunto de la humanidad como para que se le de salida? ¿En serio que ningún mandatario a nivel mundial se plantea tomar el liderazgo y que por una vez podamos sentirnos orgullosos de coordinar esfuerzos y recursos para que nadie quede fuera? El cansancio se va traduciendo en un incremento considerable de las listas en servicios de atención primaria y en salud mental. Muchas personas dicen no encontrarse bien, con un estado ansioso casi constante, o con una tristeza que tal vez es síntoma de algo más importante. El personal sanitario también está cansado y con una demanda cada vez mayor. A veces faltan los medios y a veces carecen de las horas.
Pero no quiero quedarme en una posición pesimista. No nos llevaría a ningún sitio y además no es mi estilo. Tal vez, especialmente durante estos días, vas a echar en falta a alguno de tus seres queridos. Está bien si lo haces. Pero no te quedes solo en la pena . No te quedes sólo en el vacío que queda. Si hemos sido afortunados de haber tenido junto a nosotros a quienes hoy tanto añoramos, es justo que brindemos, con copa o sin ella, por el tiempo compartido y por el legado recibido. No nos queda otra que aceptar que lo que fue, fue. Solo así es posible recordar con serenidad y con la puerta abierta a lo que la vida nos ofrece todos los días.
Es posible que esta incertidumbre de la que hablamos nos arrebate en ocasiones la paz y tranquilidad. Lo que está claro es que saldremos de esto todos juntos. Porque salir, saldremos. Pero no sirve ir cada uno a lo nuestro. Por ello, además de exigir a quienes tienen otras responsabilidades que estén a esta altura que la situación requiere, también nosotros tenemos que hacernos cargo de lo nuestro, es decir, que aún cansados y con ganas de que todo esto acabe, es necesario que sigamos adoptando las medidas de protección personal y colectiva que desde la ciencia nos vienen marcando. Que la costumbre y la sensación de que hagamos lo que hagamos, nada cambia, no nos sugieran bajar la guardia. Cambiará si no dejamos de hacer.
Si además miramos a nuestro alrededor para estar atentos al malestar de otras personas, estaremos tomando un protagonismo activo ante la crisis generada por este virus. Y si quien necesita ayuda eres tú, pídela. Tan importante es dar como pedir.
Y para quienes estáis leyendo estas líneas, deseo que podáis celebrar una muy Feliz Navidad. Celebrar con luces y todo. Como podamos y como nos dejen.
Alfonso Echávarri Director técnico del Teléfono de la Esperanza