"Somos animales de manada y nos aterra quedarnos solos y apartados. Nadie quiere ser el niño español de Canet de Mar"

Actualizado el 14/12/2021 a las 21:20
En la foto de las protestas contra la familia del pobre niño español en Canet de Mar se advierte un anochecer como de Friburgo en los años 30. Solo he estado en los años 30 de oídas, pero sí que estuve en la Selva Negra, que no es tan negra, y en Friburgo bajo ese cielo a la anochecida, una bóveda tan cósmica, tan azul y tan hueca que no puedes dejar de mirarla. Por el centro de las calles peatonales de la ciudad discurre una pequeña acequia abierta así que como uno ande por ahí mirando el cielo, mete el pie en ella y vuelve al hotel con los pies mojados y los ojos llenos de estrellas. Pero estamos en Canet, que es Friburgo sin acequias y con manifestaciones contra el español y amenazas de apedrear las casas de los niños disidentes de la catalanía. Sobre el niño de Canet se ha edificado perfectamente todo el absurdo lingüístico del separatismo, sus mecanismos de silencio y su poder segregador. Los independentistas llaman a defender su idioma materno mientras atropellan el idioma materno del otro. Es decir, que sus hijos deben ver respetada su cultura lingüistica, y así debe ser, pero no debe respetarse la de los hijos de otros. Los defensores de la inmersión lingüística siempre aluden a que los niños hablan perfectamente castellano al final de su educación sin haberlo estudiado -el español, cuanto menos estudiarlo, mejor-, pero pasar de un 88% de horas en catalán a un 75% supone una agresión al idioma de Pla. Elisabeth Noelle Neuman, que no era de Friburgo, pero sí de Berlín, enunció en los años ochenta la teoría de la espiral del silencio por la que las opiniones aparentemente mayoritarias tienden a aparecer como más mayoritarias y retroceden las opiniones que parecen minoritarias. Somos animales de manada y nos aterra quedarnos solos y apartados. Nadie quiere ser el niño español de Canet de Mar. Uno de los mantras independentistas es que hay pocas familias que quieran educar a sus hijos en castellano. A ver si lo que hay es pocas familias que se atrevan.
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