"El comercio mundial empieza a resquebrajarse"

Publicado el 26/10/2021 a las 06:00
El colapso de la sociedad de consumo no llegará a través de una revolución -televisada o no-, ni tampoco a causa de una crisis climática que lo ponga todo patas arriba; aunque, como sabemos los fans de Extrañas coincidencias, todo está relacionado en la verdad-manta de la realidad. El mundo es mucho más simple y chapucero de lo que imaginamos, y por eso la globalización colapsará cuando tardemos un año y medio en renovar la lavadora. El comercio mundial, ese ente que suponíamos robusto y que hasta ahora había supuesto un éxito logístico y productivo sin precedentes -signifique eso lo que signifique- empieza a resquebrajarse: el atasco global implica que si usted quiere un coche nuevo le toque ponerse a la cola, que los chips que habitan nuestros bolsillos se estén quedando sin recambio o que el precio de la energía siga por las nubes. El decrecimiento y la relocalización industrial van a llegar, sí, pero por las malas: a ver si al final era Serge Latouche, y no Marie Kondo, el que tenía razón.
El atasco se ha notado hasta en la Seminci, y Ana Morgade se ha presentado en la alfombra verde enfundada en un portatrajes porque, según ha dicho en redes, casi nunca puede ponerse lo que le gusta y tiene que conformarse con lo que le cabe. Doy fe de que no es cosa suya: en el barco del atasco de la cremallera hemos viajado muchas. Sin embargo, como le dijo Hagrid a Harry una vez -y arengas bodypositive aparte-, en el mundo aún se vende de todo “si sabes a donde ir”: al parecer, el príncipe saudí Bin Salman se jactó en 2014 de poder matar al rey Abdalá con un anillo envenenado que se había agenciado en Rusia. A la vista está que nada es imposible en el callejón Knockturn del universo.