"Somos más carne de siega que de sesgo"

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Jose María Romera

Actualizado el 18/10/2021 a las 08:00

En la iconografía de la Baja Edad Media se instaló una imagen de la muerte representada por un esqueleto que lleva en la mano una guadaña. Puede ser que con ella se tratara de hacer visible la idea de la muerte igualadora, que no hace distinciones entre clases ni linajes porque corta a una misma altura las mieses crecidas y las más bajas. Si la alegoría hizo fortuna hasta llegar a nuestros días, como volverán a recordarnos los disfraces del próximo Halloween, también la muerte que siega vidas penetró en el lenguaje, donde dio lugar a una expresión metafórica que sigue empleándose con frecuencia. “Segar la vida” es un eufemismo de los muchos con los que cuenta el castellano para huir de la crudeza de verbos como “matar” o “morir”, aunque en este caso el efecto suavizador sea relativo; por eso lo encontramos aplicado a las muertes violentas o inesperadas, como si la vieja parca se hubiera presentado por sorpresa para ‘cortar’ (ese es el significado del verbo latino “secare”, del que procede “segar”) bruscamente la existencia del muerto. Pero últimamente a la construcción “segar la vida” le ha salido un verbo parónimo y parásito que empieza a desfigurarla: “sesgar” la vida. Recordando los atentados del 11-S decía hace poco un periódico nacional: “Por el camino quedaron casi 3.000 vidas sesgadas (sic)”. En otro se hacía el recuento macabro de la violencia de género, que “en lo que va de año, ha sesgado (sic) la vida de cuarenta mujeres”. A propósito del sanguinario etarra Parot, señalaba otro que el terrorista “sesgó (sic) la vida de 39 personas”. Y en otro se podía leer que el cáncer “ha sesgado (sic) más vidas que el Covid-19”. Es un error que debería evitarse. “Sesgar” viene del latín tardío “sessicare”, que equivale a torcer o desviar, es decir, aplicar un “sesgo” a algo. Bien es cierto que también significa ‘cortar oblicuamente’, lo cual podría justificar la confusión con “segar” o incluso aportar un nuevo matiz a la expresión: algo que ocurre de forma siniestra o traicionera. Pero somos más carne de siega que de sesgo, así que dejemos a la muerte segando, que es lo suyo, y guardemos “sesgar” para otros usos más apropiados.

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