"Comer poke en Cádiz es como beber fanta en una bodega de la Rioja"

Actualizado el 18/10/2021 a las 08:01
Como me vine a Cádiz a ajustar cuentas con el mar, ando unos días de paseo por el paraíso con levante de siete flechas. Van los niños persiguiendo las gorras que se les han volado y el tiempo perdido. El poeta creía que el levante y el poniente se perseguían por las calles de Cádiz como dos chiquillos, pero yo creo que el levante es un viento muy hombre y muy cabrón que no toma prisioneros. En aguas del Estrecho lanza contra las proas de los barcos de pesca un mar de golpe seco, corto y seguido, un mar de metralleta que suena en el caso -ta-ta-ta-ta-, y las mujeres de los marineros de Barbate lo escuchan desde la cola de la frutería donde esperan la vez y se imaginan enviudando. Escapando del Levante me refugié en uno de esos bares de El Palmar a medio camino entre Waikiki y el Far West. Recordaba aquel local de cuando Elena y yo bromeábamos con que nuestro amor era pasajero y de pronto estoy yo entrando allí con nuestros tres niños. Cuando éramos novios, servían cerveza y empanada, pero ahora se ha convertido en uno de esos gastrobares de moda en los que sirven todo con edamame, aguacate y salmón crudo. Anuncian poke, ‘street food’ y ‘good vibes’, que en Cádiz se ha llamado siempre el arte, el age y la gracia. Comer poke en Cádiz es como beber fanta en una bodega de La Rioja. En Cádiz saltan las acedías al plato si las convences, y a diez minutos en coche se fabrica la mejor mojama del mundo, los tomates de Conil y el queso de cabra payoya, pero ahí estamos en lo de la cocina internacional con ingredientes congelados, el vegan food y la advertencia de alérgenos en colorines. Antes de sentarme, me hubiera ido a comer tierra y beber agua de mar, pero temiendo que se me volaran los niños, pedí unas “Patatas tres salsas caseras”, nueve euros. Al rato llamé a la camarera, entre la pinup y el turno de cantina de Puerto II y le pregunté cómo podía ser que, siendo las patatas de bolsa congeladas y las tres salsas de bote, se llamaran “patatas caseras”, si se trataba de un ejercicio de ironía o del fino humor de Cádiz. “Muchas gracias”, me respondió ella.
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