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"Un cambio de nombre innecesario y confuso"

Avatar del Editorial DNEditorial DN09/10/2021
Al mismo tiempo que el departamento de Salud del Gobierno foral anunciaba una inversión de más de 32 millones en la renovación tecnológica y de infraestructuras del Complejo Hospitalario de Navarra, representantes del Sindicato Médico volvían a advertir de la grave situación que atraviesa la Atención Primaria, por la falta de médicos y la sobrecarga laboral que soportan. Dos caras contrapuestas de la sanidad navarra que o se complementan con urgencia o acaban por deteriorarse definitivamente. La inversión anunciada ayer para los próximos dos años -con fondos europeos, del ministerio de Sanidad y de los propios presupuestos de Navarra- con el objeto de adquirir equipamientos punteros es una buena noticia para la sanidad pública y para todos los navarros. Pero de nada sirve invertir en la mejor tecnología para la salud, si en la Atención Primaria rural y también urbana, somos la segunda comunidad con peor tasa de médicos de familia por habitante. Un porcentaje de plazas en Atención Primaria están vacías, lo que supone un aumento de trabajo para el resto de profesionales, y que además se sienten maltratados por las condiciones laborales y retributivas. Desde el colectivo médico avisan de una situación insostenible, que puede agravarse en los próximos años con la progresiva jubilación de los médicos de familia y la falta de atracción de quienes acaban su formación. Si a este panorama sombrío se le añade la pérdida de presencialidad en las consultas o el incremento de las listas de espera para la atención especializada, el horizonte de la Sanidad navarra no es el más halagüeño. Los retos que tiene por delante la consejera Santos Induráin no son ni pocos ni fáciles. Por eso, no acaba de entenderse que con esta situación de absoluto desgaste de la sanidad navarra, se plantee un cambio de nombre del Complejo Hospitalario de Navarra, por el de Hospital Universitario de Navarra, que más parece una maniobra de distracción y de confusión por su similitud con la Clínica Universidad de Navarra. Las preocupaciones de los ciudadanos no se resuelven con un cambio de denominación, sino de políticas sanitarias.
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