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"En el preciso momento en que la tarde entra en vaso ancho con dos hielos, pega un rayo de sol en la esquina de La Tienta"

Avatar del Chapu ApaolazaChapu Apaolaza10/10/2021
En el preciso momento en que la tarde entra en vaso ancho con dos hielos, pega un rayo de sol en la esquina de La Tienta y Madrid parece San Juan de Puerto Rico o octubre de 2019. Antes de los toros se dan estos fogonazos casi lisérgicos cuando en los alrededores de Las Ventas van los camareros enloquecidos como brokers de la felicidad y uno confía en que va a ver torear. Casi parece que van a doblar la esquina Mariano y Asier, Polan y los demás cuando vienen de Pamplona por Medinaceli con una mano en el volante y la otra en el corazón por la taquicardia de la esperanza. Después salen toreando de la plaza y enfilan la calle arriba hacia el bar de Donde Leo, a beber y cantar. Hay un instante previo a la felicidad y otro posterior a ella que son mejor incluso que la felicidad misma y a veces le coge a uno en la esquina aquella o un poco más abajo en la puerta del Guarro, el bar al que le llaman El Ruedo, donde ponen los botellines fríos, las tapas con pan duro y donde han reflexionado sobre la inmortalidad y la importancia del tercio de varas Edouard Limonov y los hermanos Ibáñez Larrauri.
Luego mira uno ese barrio un martes por la mañana y detrás de las puertas solo se imagina viejos a los que no visita nadie, y las aceras son de las afueras de la tristeza de cada cual. Es esta una soledad casi de llevar por el pasillo el carrito del oxígeno. Hay un Madrid que es bello y también terrible y te sorprende en la esquina junto a Las Ventas y el lunes pasado en un solar de Coslada donde pinché una rueda y ya no había ni yonkis pinchándose en los sofás. Solo había conejos. Madrid es una ciudad sitiada por conejos tristes y sin sentido, pero hoy es tarde de toros y ha venido a estrenarse Jaime Santirso, periodista y poeta. Jaime vive en Wuhan donde pasó aquello y cuenta que se metió un día por el pasillo de una plaza -un pasillo equivocado- y se encontró un toro muerto y solo, así que durante un tiempo caminó por su propio poema. Eso necesitamos en los toros: abogados y poetas.
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